Era común que Francesco Cenci abusara sexualmente de su hija, Beatrice. Francesco cometía otras atrocidades. Pero era un aristócrata y, en esos años de fines del 1500, era muy bien visto por la iglesia que le dieran importantes donativos. El dinero lava los pecados. De modo que Cenci, aunque acusado y encarcelado por distintos delitos, siempre quedó libre. Finalmente, la madre adoptiva y los dos hermanos de Beatrice, junto a ella y un sirviente convertido en su amante, asesinaron a Francesco. Le rompieron el cráneo a martillazos. Pretendieron simular un accidente pero fueron detenidos. El hermano menor salvó la vida pero los demás fueron ejecutados de manera cruel. La gente realizó protestas a favor de Beatrice. Era considera una víctima y por completo inocente.

Beatrice Cenci tenía 22 años cuando le cortaron la cabeza. Elisabetta Sirani, que murió a los 27 años, apenas cinco más que Beatrice,  hizo un retrato de ella. Elisabetta no conoció a Beatrice pero la imaginó en el momento previo a la ejecución, con un turbante sobre la cabeza y una bella inocencia en el rostro. Alguien la llama, Beatrice gira la cabeza. Sus ojos tienen resignación. El verdugo la espera. Esto pinta Sirani: el instante preciso en que la muchacha es llamada por el guardia para ser trasladada al cadalso.

Elisabetta Sirani (1638-1665), italiana. La obra es: Beatrice Cenci (pertenece a Sirani aunque suele ser adjudicada a Guido Reni)

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