Esta mujer era poeta de la cabeza a los pies. De no haber sido mujer, se la consideraría, por mucho, el mejor poeta de Argentina. Ella sufría de un trastorno límite de la personalidad que la la condujo a un universo doloroso, con angustias intolerables. No le sirvió el escape de los barbitúricos ni las anfetaminas. La internaron en hospitales psiquiátricos de los que salió para seguir como antes. Luego, no pudo soportar más su miedo ni su abrumadora soledad interior. Se tomó cincuenta pastillas de seconal y se suicidó.

La jaula

Afuera hay sol.

No es más que un sol
pero los hombres lo miran
y después cantan.

Yo no sé del sol.
Yo sé la melodía del ángel
y el sermón caliente
del último viento.
Sé gritar hasta el alba
cuando la muerte se posa desnuda
en mi sombra.

Yo lloro debajo de mi nombre.
Yo agito pañuelos en la noche
y barcos sedientos de realidad
bailan conmigo.
Yo oculto clavos
para escarnecer a mis sueños enfermos.

Afuera hay sol.
Yo me visto de cenizas

La poeta: Alejandra Pizarnik (1936-1972), argentina. El poema: La jaula.

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