Edvar Munch es perseguido toda la vida por la enfermedad y la muerte. A los cinco años, pierde a su madre; a los quince, a su hermana. Luego, a su padre. Varias veces es internado por crisis nerviosas, problemas mentales y alcoholismo. Toda su obra se relaciona con la locura, la enfermedad y la muerte. Los personajes se ven en el máximo de expresión de su tormento interior, como en “El Grito”, su obra maestra y uno de los iconos de la pintura universal.

Todos los miedos, las vacilaciones, la angustia frente a la naciente sexualidad es representada con una aparente sencillez extrema: una muchacha delgada, sin desarrollar por completo, con los ojos inmensos y llenos de tensión, los brazos cruzados con pudor sobre su vagina, está sentada en una cama. Por detrás, producida por ella y acosándola, una sombra. Esa sombra es ella misma pero adquiere una forma monstruosa, como si hubiera dejado de ser un reflejo oscuro de sí misma para cobrar una horrenda vida propia.  La sombra es el símbolo de su miedo al sexo, de su desamparo frente a ese miedo, de esa angustia que la asedia.

Edvar Munch (1863-1944), noruego, expresionista. La obra: “La pubertad”.

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