Van Meegeren era un pintor frustrado. Como muchos, como la mayoría, era mediocre. A diferencia de otros mediocres, él sabía que lo era. Estaba seguro de su talento y de su dominio técnico pero carecía de la capacidad de tener un estilo único, personal. Quería ser creativo e influyente, como Manet, o poder ser reconocido con un golpe de vista como Modigliani. Estaba seguro de no haber nacido para alcanzar la gloria, de modo que decidió aprovechar su capacidad para imitar a los que realmente eran buenos en el arte. Se convirtió en falsificador. La fama y el paso a la posteridad que jamás habría alcanzado con sus propias obras, lo consiguió mediante el plagio y el fraude. Claro, en esto, era el mejor.

Pintó como Franz Hals, Pieter de Hooch, Gerard ter Borch y Johannes Vermeer. Las imitaciones eran perfectas y obtuvo compradores que pagaron fuertes sumas. Los expertos nunca dudaron de la autenticidad de las pinturas. Pero tuvo mala suerte. Muchas de las ventas ocurrieron durante la guerra y el nazi Göering compró un “Vermeer”. Los holandeses consideraron que Van Meegeren era un traidor: había vendido parte del patrimonio cultural a un enemigo. Lo encarcelaron. Entonces, confesó que no era un “Vermeer” sino un Van Meegeren. Nadie le creyó. Él insistió y le pidieron que pintara nuevamente la obra para demostrar que la había hecho él. Van Meegeren, en pleno juicio, delante del tribunal, no pintó el mismo cuadro sino uno nuevo. Le retiraron los cargos de traidor y lo condenaron a un año de cárcel por estafador. No llegó a cumplirlo porque se murió de un ataque.

A pesar de la confesión y de la demostración de Van Meegeren, varios expertos continuaron sosteniendo que se trataba de legítimos Vermeer. En realidad, Van Meegerer no copiaba un cuadro conocido sino que creaba uno nuevo. Si hubiera nacido en el Renacimiento se le hubiera considerado un manierista. Claro, si hubiese puesto su propia firma y no la de los maestros que imitaba.

Franz Hals pintó “La bruja de Haarlem”

Van Meegeren pintó “La bebedora”

Van Meegeren pintó “Desnudo con medias negras” antes de convertirse en estafador. Es un “Van Meegeren” legítimo.

“El violinista” es otro “Van Meegeren” auténtico. Las dos obras lo muestran como un pintor, quizás, muy superior a lo que él mismo creía. También a lo que creían los críticos de él al juzgarlo como de buena técnica pero carecer de capacidad de innovación (estaban de moda el surrealismo y el cubismo) y de falta de creatividad. Pero se desquitó de los críticos de arte mostrándoles con sus engaños que nadie sabe tanto como dice saber.

El pintor es Han Van Meegeren (1889-1947), holandés. Las tres primeras obras son (en orden descendente): “Última Cena”“Jesús y la adúltera” (adquirido por Göering) y “Los discípulos de Emaús”, su obra maestra o, mejor dicho, su “Vermeer” maestro.

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