Era común que Alice Neel pintara a sus amigos. No pudo resistir la tentación de retratar a Joe Gould. Lo pintó según ella lo veía. Una manera original de describir a alguien. A Joe le gustó el cuadro. Iba a tono con su personalidad.

Joe Gould, que nació como Joseph Fernand en 1889 y se murió en 1957, fue el autor del libro más extenso que se haya escrito. Esto aseguró Gould. El título que le puso fue “Historia oral del mundo contemporáneo”. Durante años insistió en que la obra era una de las más extraordinarias que se hubieran escrito. Incluso escribió sobre él, haciendo un panegírico, mientras trabajó como reportero en el Evening Mail, de Nueva York. Inventar la existencia del libro no es lo único que hizo. En realidad, pasó la mayor parte de su tiempo haciendo extravagancias.

Durante un tiempo actuó casi normal. Trabajó en una oficina de registros de  investigaciones sobre eugenesia, es decir, la disciplina que trata sobre cómo encontrar los modos de mejorar la composición genética de una nación. Después de aburrirse de hacer anotaciones sobre genes, se fue a pasar una temporada con los aborígenes Mandan y Chipewwa. Hasta que decidió hacerse periodista y escritor.

Joe medía un metro y medio de estatura y pesaba menos de cincuenta kilos. Pero hacía poemas beatniks y se presentaba en los lugares apropiados para recitarlos. Por lo general, lo abucheaban. Él consideraba que ese abucheo era signo de su talento. Los grandes poetas, decía, siempre han sufrido del desprecio de las mayorías. Como sea, fue uno de esos personajes que no hacen nada definido ni nada demasiado bien pero que consiguen tener notoriedad. Es cierto que consiguió una licenciatura en literatura en Harvard pero no parece suficiente como para que lo personifiquen en películas ( “El secreto de Joe Gould” y “Cinderella man”, acaso en otras); reciten sus poemas en varias series de televisión; le escriban libros (“Joe Gould secreto”); le pinten cuadros o le escriban artículos (como este). Así suele ser de curioso lo que sucede en el mundo: grandes escritores son por completo desconocidos y un escritor que no escribió un libro pero que dijo haberlo escrito consigue trascendencia hasta después de muerto.

Alice Neel (1900-1984), pintora norteamericana. El cuadro es: “Joe Gould”.

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