En 1928, en Praga, en la que entonces era Checoslovaquia, nació Petr Ginz. Tenía un padre judío, una madre que no lo era, una hermana, y algunos parientes. Desde pequeño mostró actitudes artísticas. Le gustaba hacer dibujos y escribir. Le atraían las novelas de Julio Verne, así que, entre los ocho y catorce años,  escribió algunas copiando su estilo. Como su padre era un experto en esperanto, él también aprendió el posible lenguaje universal. Por lo demás, no había nada demasiado diferente en su vida a lo que hacían los demás niños burgueses de Praga. Excepto, claro, el que su padre fuera judío.

Esto de ser judío fue un inconveniente cuando los alemanes ocuparon Checoslovaquia, en 1938, y la hicieron desaparecer dividiéndola en diferentes territorios. Como es sabido, los alemanes habían establecido una política anti judía destinada a la purificación de la raza aria. Esta política fue impuesta por un grupo de psicópatas alemanes que, de inmediato, encontraron apoyo en la mayoría de los alemanes; simpatizantes en todos los continentes (porque si algo abunda en el mundo es la demencia y la idiotez), y el visto bueno de los gobiernos de otros países que toleraron y apoyaron las medidas tomadas por los nazis. Por uno de los artículos de la ley anti-judía, se establecía que todos los hijos de matrimonios mixtos (judíos casados con no judíos) debían ser apartados de sus padres al cumplir los catorce años. Eso le sucedió a Petr Ginz.

Petr Ginz fue llevado a un campo de concentración. Le tocó Terezin. Era una fortaleza construida en el siglo XVIII y que se llamó originalmente Theresienestand, en homenaje a la emperatriz María Teresa. Alrededor había un poblado. El poblado sirvió como guetto y, luego, los judíos fueron trasladados a  la fortaleza, que pasó a ser un campo de concentración.

En 1944, los alemanes mostraron el campo a un comité de la Cruz Roja. Había bares, cines, la gente paseaba, las parejas se tomaban del brazo. Al ser interrogados, todos respondían que estaban muy satisfechos del modo en que se los trataba. Los alemanes filmaron una película de propaganda mostrando las condiciones sobresalientes en las que vivían los judíos cautivos. Era una farsa. El campo había sido casi vaciado y los prisioneros trasladados a Auschwitz. Cafés, teatros, todo, formaba parte de una escenografía montada para la ocasión. Incluso las respuestas de los judíos detenidos habían sido cuidadosamente enseñadas.

A Terezín llegaron 145.000 judíos. Unos 88.000 fueron llevados a Auschwitz. Del resto, 36.000 murieron de hambre, frío, y epidemias. Al acabar la guerra, los sobrevivientes eran un poco más de 17.000. En este sitio vivió Petr Ginz entre 1942 y 1944.

En Terezin, un profesor llamado Valtr Eisinger que había sido echado de su cargo y encerrado en el campo, inspiró a un grupo de chicos para que hicieran una revista. Como los niños estaban separados de los adultos y solo se veían unos momentos en los patios, tuvieron que arreglarse solos. De modo que hicieron la revista por ellos mismos y lograron editarla durante dos años.

La revista se llamó Vedem y apareció entre 1942 y 1944, hecha a mano. Llevaba ilustraciones y notas diversas, desde chistes, historietas, comentarios deportivos, relatos, reportajes. Petr Ginz fue uno de los más activos colaboradores y llegó a ser el editor en jefe. Él no sólo escribía, también, hacía muchos dibujos. Entre todos esos dibujos, hizo uno que se convirtió en algo especial, en un símbolo.

Era el dibujo hecho por un niño separado de su familia, preso en un campo de concentración; un niño hambriento, triste, temeroso, que todo lo que tenía era su fantasía para huir, por unos instantes, de la brutal realidad en la que estaba por el delito de ser judío. Petr Ginz dibujó la Tierra vista desde la Luna.

Fueron centenares los niños que participaron de Vedem. Solamente quince salvaron sus vidas. Todos los que estaban en la barraca L417 fueron deportados a Auschwitz. A ese campo fue Petr Ginz cuando tenía dieciséis años. Poco antes de partir se había encontrado con Eva, su hermana menor, que, también, era una prisionera. A Eva le dejó unos dibujos y algunos escritos. Después, se fue al campo de exterminio para morir asfixiado con gas.

 

Las fotos, en sentido descendente: Petr Ginz; Peter Ginz con sus padre y su hermana; Petr y Eva Ginz; El dibujo: “Paisaje de la Tierra vista desde la Luna”. Este dibujo fue llevado al espacio por IIan Ramon, astronauta judío, componente de la tripulación del transbordador Columbia, que explotó al regresar a Tierra en 2003. Un diario escrito por Petr Ginz en los años 1941-1942, antes de ir al campo de concentración, fue editado en el año 2005.

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