No existe un solo versículo del Nuevo Testamento en que se diga que María Magdalena es prostituta o que ella sea la mujer adúltera. Pero es la mujer más veces mencionada en el Nuevo Testamento. Incluso mucho más que la virgen María. Todas las veces que se la nombra se hace alusión a su proximidad y familiaridad con Jesús. También a su posición de privilegio por el trato que Jesús tiene con ella, poniéndola por encima de todos sus seguidores.

María Magdalena no es una prostituta ni una adúltera sino una mujer de las clases altas judías, como lo eran todas las seguidoras de Jesús. María Magdalena (la de Magdala) era una mujer instruida, sabía leer y escribir. Esto la convertía en un caso de excepción. En Judea, las mujeres tenían prohibido aprender a leer y escribir. En Galilea, de donde proviene María Magdalena, había cierta flexibilidad. Pero, seguramente, no con los pobres. En todas partes,  la educación, lo mejor de ella, siempre es propiedad de las clases acomodadas. En Palestina, en tiempos de Jesús, alguien que quisiera aprender el alfabeto debía ser hombre o una mujer perteneciente a una familia influyente y de un amplio criterio para permitírselo. Además y necesariamente,  la mujer debía de tener una fuerte personalidad para imponerse a su entorno represor.

María Magdalena es la más persona más cercana a Jesús. Su discípulo más amado, la que está con él en la crucifixión y la primera a la que se le aparece Cristo después de resucitar. Es la posible autora de dos evangelios, el que lleva su nombre y el que se acredita a San Juan. Méritos suficientes como para que la iglesia la eleve a santa pero, en este caso, haciendo una salvedad que nace de la calumnia: ella es una prostituta que debe redimirse haciendo penitencia. Los pintores la retratan en ese momento de la penitencia. Pero, ¿por qué pintarla desnuda?

María Magdalena es la primera mujer de la historia que ocupa un lugar de importancia. Existen suficientes datos como para considerarla la principal discípulo de Jesús y el haber cumplido un papel mucho más activo que cualquiera de los apóstoles. Sin embargo, no se la muestra como una mujer capaz e independiente sino como a una pecadora que debe redimirse.

El papel de la mujer en la sociedad y el modo en que es considerada desde el catolicismo, encuentra en María Magdalena a su símbolo más perfecto. Los cuadros de desnudos sobre ella son una exacta metáfora de la posición social de la mujer a lo largo de la historia. La mujer debe ser subestimada, puesta en posiciones subalternas. No hay ninguna otra santa tantas veces retratada. Y ninguna otra es desnudada con tanta frecuencia. La mirada de la iglesia está sobre el cuerpo desnudo de María Magdalena. La desnudez con la que se la denigra. María Magdalena, el objeto sexual.  Una historia del arte lleno de los desnudos de María Magdalena pero sin desnudos de San Pedro, San Agustín o Santo Tomás.

Los cuadros, en orden descendente: Francesco Hayez; Giovanni Balducci; Giampetino o Leonardo (se le acredita a uno y otro); Jules Lefevre; Tiziano; Correggio; Felipe Fichereli; Gerristz Bleker; Francisco Venegas; Pompeo Batoni; Wladislaw Nerevicius; Jan Massys.

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