Sophie Scholl era católica y tenía convicciones firmes. El problema de pensar como ella era estar en Alemania durante el régimen nazi. Sophie terminó la escuela secundaria en 1940. Para egresar, debía escribir un ensayo. Lo llamó: “La mano que mueve la cuna, mueve el mundo“. Sin duda que era una chica de carácter. Cuando entró en la Universidad de Münich se dedicó al estudio de la biología y la filosofía. También, era buena dibujante y le gustaba pintar. Con sus amigos intelectuales mostraba su preocupación esencial: ¿Qué se debe hacer cuando se está en desacuerdo con una dictadura? En forma casual, encontró un panfleto. Luego, vio una pared pintada. En el panfleto y en la pared, alguien había escrito contra el régimen de Hitler. Así fue cómo Sophie se enteró de la existencia de un movimiento opositor: La Rosa Blanca.

Sophie quiso saber sobre La rosa Blanca. Lo consiguió y tuvo una sorpresa. Su hermano Hans era uno de los cinco que habían comenzado con el grupo. Estaban a la mitad del año 1942 y la guerra se encontraba en su apogeo. Los cinco integrantes iniciales pasaron a ser muchos más en poco tiempo. Sophie se encaragaba de repartir los panfletos de propaganda antinazi, incluso, viajando a otras ciudades. Ella y su hermano eran los líderes y estaban convencidos de sus creencias religiosas, de lo brutal del nazismo, de la necesidad de sostener la libertad individual. Tuvieron suerte durante unos meses: la Gestapo no conseguía localizarlos. Pero, la buena suerte los abandonó cuando se inició el período escolar de 1943.

Mientras el grupo de resistencia de La Rosa Blanca asumía una definida y pensada resistencia, alcanzaba su punto más elevado lo que ocurría con Los Chicos del Swing.

A fines de 1920, aparece en Estados Unidos un nuevo estilo de música de jazz: el swing. Junto con el nuevo ritmo, surgen las grandes bandas que van a ejecutarlo. Hasta entonces, el jazz está dominado por los negros pero el swing se comercializa con rapidez, incorpora elementos del music hall y de la música europea, y, sobre todo, para satisfacción del racismo imperante en Estados Unidos, la mayoría de las orquestas están controladas por los blancos. Benny Goodman (de inmediato proclamado El rey del Swing“, lo que mostraba la superioridad blanca sobre los negros), Tommy Dorsey, Glenn Miller, Artie Shaw, son los más populares. Claro, resulta imposible evitar que los negros Duke Ellington y Count Basie sean los que más talentosos y los que más aporten al swing, ni que las negras Billie Holiday (con la que se producen problemas raciales cuando canta con el blanco Artie Shaw), Ella Fitzgerald y Sarah Vaughan, sean las mejores cantantes de este estilo y de cualquier tipo de jazz.

Entendiendo que el swing es una creación de los negros y los judíos (en lo que tiene razón), Joseph Goebbels, ministro de propaganda del régimen nacional socialista alemán, considera que es música degenerada. Pero ya hay un buen número de chicos alemanes, casi ninguno mayor a los dieciocho años, miembros de familias pudientes, que se enloquecen con la nueva música. Asumen actitudes específicas: se visten según la moda que siguen los jóvenes ingleses: usan paraguas aunque no llueva, pelo largo caído sobre la frente, sobreros hongo, sacos y sobretodos demasiado amplios. Ninguno hace caso de las advertencias: todo lo que les interesa en estar al tanto de las últimas novedades musicales. Forman un conjunto social no demasiado amplio pero que tiene algo que los diferencia de los demás jóvenes alemanes: su desobediencia al régimen.

Los Chicos del Swing habían aparecido por toda Europa alrededor de 1935. No tienen ninguna intención política. Todo lo que los motiva es la música. Pero son rebeldes y esta rebeldía se convierte en una seria cuestión política. Cuando se inicia la guerra, en Alemania comienzan a sentir que esos muchachos son un insulto al país: copian modas extranjeras, escuchan a los judíos Benny Goodman y Artie Shaw, y no respetan la autoridad. La paciencia de los jerarcas nazis se sostiene demasiado tiempo, sobre todo, porque entre Los Chicos del Swing casi no hay judíos, los arios son inmensa mayoría y pertenecen a familias acomodadas. Como podía suponerse,  la paciencia llega a su fin. Himmler,el jefe de las SS exige que se termine con ellos. Es el año 1942. El mismo año en que Sophie Scholl se une a La Rosa Blanca.

En Los Chicos del Swing hay una resistencia espontánea que no se afirma sobre una formada ideología. En La Rosa Blanca, hay una conciencia política definida. Unos chicos se oponen a la autoridad para defender su derecho a hacer lo que se les da la gana: escuchar y bailar con la música que les gusta; vestirse como les parece y no como se visten los jóvenes del nazismo. No parece que tengan muy en claro cuál puede ser su destino al oponerse, casi sin darse cuenta, al régimen nazi. Es difícil creer que tengan una clara idea de la necesidad del régimen de imponer la uniformidad social y la homogeneidad de pensamiento. Esto los distancia de los chicos de La Rosa Blanca: ellos sí tienen conciencia de lo que significa oponerse al nazismo. Espontaneidad y conciencia. De cualquier forma, unos y otros, por caminos separados y absolutamente diferentes, se oponen a la dictadura, a la imposición de las ideas y los hábitos de existencia.

En 1942, Los Chicos del Jazz son perseguidos y los más reconocidos de Hamburgo, unos setenta, son detenidos y condenados a tres o cuatro años de encierro. A los menores de dieciocho años se los ubica en centros de detención juvenil. A los mayores de edad y, especialmente, a los pocos judíos que encuentran, se los trata como a presos políticos y se los lleva a campos de concentración. Algunos lo pasan mal y las malas condiciones de existencia los llevan a la muerte. La mayoría, por ser arios y de familias con contactos políticos, es tratada con mayor complacencia. Se les intenta hacer cambiar de gustos. Todos, chicas y chicas, que se encuentran en sitios separados, responden del mismo modo: cantando temas del swing. Todo el tiempo cantan y, alguno de ellos, hasta consigue que sus padres le envíen un tocadiscos y discos de swing. Es decir: nada les hace variar su forma de pensar.

Unos meses después de la detención de Los Chicos del Swing, Sophie Scholl, tiene unos panfletos en sus manos. Los panfletos incitan a resistir al régimen y a defender la libertad de pensamiento. Sophie sube hasta lo más alto de las escaleras del atrio de la facultad. A la salida de los estudiantes, los arroja al aire para que caigan sobre ellos. Luego, la Gestapo la detiene y, con ella, a su hermano y a los principales integrantes del grupo.

Hans Scholl tiene 25 años. Sophie Scholl, 21 años. A los dos les cortan las cabezas en la guillotina. Es la forma de impedir que piensen con libertad.

 

Las fotos, en orden descendente: Sophie Scholl; Hans Scholl; Bailarines de Swing; Jóvenes de la Juventud Hitleriana; Jóvenes de la Juventud Hitleriana; Muchachas del Nacional-Socialismo; Sophie Scholl.

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