John Wayne Gacy era un gordito con nombre de un actor siempre héroe y paradigma del estadounidense medio. John parecía uno de esos “gorditos buenos” que caen simpáticos. Trabajaba vendiendo zapatos y en fiestas infantiles disfrazándose de payaso. John era homosexual. Pero decidió casarse y tuvo problemas: su mujer se divorció de él porque nunca conseguía una erección. La única vez que lo logró, por un milagro o por un amante, su esposa quedó embarazada y tuvo una hija. A John le gustaban los niños y los adolescentes. Durante los cuatro años que duró el matrimonio, abusó de una buena cantidad de menores de edad. Su esposa se divorció de él. Ya lo habían metido preso y estaba sentenciado a diez años de prisión. Pero, en la cárcel, convenció a todos de ser un buen tipo. Lo dejaron salir al año y medio. John se puso contento: podía continuar abusando sexualmente de niños y, sobre todo, dedicarse de lleno a su verdadera vocación. John tenía una condición natural: era un asesino.

Al salir de la cárcel, se mudó, compró una nueva casa, puso un negocio y se convirtió en un ciudadano respetable. Como siempre hay mujeres bien dispuestas, encontró una segunda esposa y, otra vez, acabó divorciado. Ya había matado a algunos adolescentes y un par de niños. Como usaba traje con corbatas y seguía vistiéndose de payaso en las fiestas infantiles, nadie sospechaba de él. Nada lo diferenciaba del resto, excepto el vestirse de payaso. Esto caía bien. Mostraba que tenía un alma buena y un interior triste; como todos los payasos, tal como es sabido por todo el mundo. Era una pena que John tuviera un punto débil: su anterior condena por abusos sexuales. La policía comenzó a seguirlo. Había dos o tres muertes que no podían resolver. Él era un buen candidato para solucionar el problema: si no era culpable, al menos, se le podía echar la culpa y con un buen fiscal y un abogado defensor deficiente, los casos quedarían cerrados. Como suele hacerse. Sin embargo, la policía no estaba errada. John era el asesino. No había matado solamente a los que se creía. Confesó treinta y tres asesinatos de niños y adolescentes. A varios los enterró en el patio de su propia casa. A otros los desparramó por los terrenos que encontró. Nunca hallaron todos los cadáveres. John se negó a decir dónde estaban y sugirió que había matado a muchos más. Ya estaba preso y lo estaría por catorce años. En ese tiempo, se dedicó a su pasatiempo: pintar.

 Sus cuadros tenían dos temas predominantes: los payasos y Blancanieves con los siete enanitos. Uno de los payasos que dibujó se llamó Pogo. Hizo varios retratos de él. El 10 de mayo de 1994, le prepararon una buena comida: camarones, pollo, papas fritas y frutillas. Después le pusieron una inyección y lo mataron. Tenía cincuenta y dos años. Mientras lo mataban, afuera, en la calle, había mucha gente. Realizaban la fiesta de la ejecución, como ellos le llamaron al acontecimiento. Algunos vendedores ofrecían remeras con el rostro de John y otros artículos que servían de recuerdo para poner en las repisas.

Apenas acabó la ejecución, en el mercado de arte salió a la venta la obra del artista John Wayne Gacy. Se vendió bien. Los estadounidenses siempre compran. Es congénito. El payaso Pogo tuvo éxito. Su nombre se puso en revistas, e inspiró a escritores para hacer novelas y a grupos musicales de distintos países para escribir canciones. Por supuesto, no faltaron los expertos que explicaron la conducta de John: se debía a traumas de la infancia y a culpas de la sociedad. Incluso hubo una científica que, justamente, compró su cerebro y lo metió en un frasco para estudiarlo. En el mercado de consumo, un asesino serial y abusador sexual de niños puede llegar a ser un muy buen negocio si se sabe cómo manejarlo. De este modo, los cuadros al óleo de Blancanieves y los siete enanitos, y los tiernos payasitos pueden ser colocados en el cuarto de los niños y esperar a que lleguen las visitas para mostrarlos.

John Wayne Gacy, o Pogo o El Payaso Asesino (1942-1994), estadounidense. Las pinturas, en orden descendente: Pogo, el clown; Los siete enanitos en el bosque; Fippo, el payaso; El payaso Arcoiris .

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