Una madrugada del año 1926, un policía detiene a un hombre en la Plaza Lavalle, de Buenos Aires. El hombre está alcoholizado y drogado con cocaína. Lo llevan al Hospicio de las Mercedes, un hospital psiquiátrico que cambiaría su nombre por el de Borda. El hombre se cree Napoleón y, mientras permanece internado, se convence que los médicos y enfermeros son sus mariscales de campo y ministros. Un amigo se entera de su estado y lo visita. Consigue que le provean algunos elementos que el hombre precisa para hacer lo que mejor hace: pintar. Con unos pinceles y unas pinturas, Stephen Koek-Koek pinta varios cuadros que le compran los médicos y enfermeros del manicomio.

Stephen Koek-Koek nace en Londres y es parte de una dinastía de pintores y marchands holandeses, entre los que estaba su probable padre. Por alguna razón, decide viajar y llegó al Perú. Más tarde, a Chile y, finalmente, Argentina. Por un tiempo, vive en Mendoza, se casa, tiene un hijo, y nada más se sabe del destino de su mujer y del niño. Koek-Koek aparece viviendo en Banfield con su amigo, el poeta colombiano Jorge Escobar Uribe, que firma como Claudio Alas. Un día, el poeta tiene la idea de matar al perro de Koek-Kopek. Le pega un tiro. Después, se suicida con un balazo en la sien.

Era habitual ver a Koek-Koek paseando por la entonces muy burguesa calle Florida usando sombrero y bastón. Pero solía vivir en hoteles y emplear maderas de cajones para pintar sobre ellos por carecer de dinero para comprar lienzos. Decide irse a Estados Unidos pero, en un viaje a Uruguay, se enamora de una mujer y se queda en Montevideo por ella. El romance termina al poco tiempo y Koek-Koek regresa a Buenos. Alquila un departamento en la calle Córdoba, se llena de deudas y debe hipotecar casi ciento sesenta cuadros a los que nunca recupera. Sin embargo, consigue ganar bastante dinero con su cuadro “Veleros en Sol de Mayo”. La obra se la encargaron para entregarla al príncipe de Gales, que al año siguiente visitaría el país. Pero Koek-Koek se olvidó del príncipe y la vendió a otro.

Va de un sitio a otro, consumiendo alcohol y drogas, y tratando de hacer otras cosas que pintar. Prueba escribir una obra de teatro pero nunca la termina. Viaje a Montevideo, luego a Valparaíso, en Chile. En una habitación de hotel, lo encuentran muerto. Es probable que fuera asesinado. El presidente Alessandri, que lo ha tratado como amigo, pretende iniciar una investigación. Todo queda en nada. Lo más conveniente es asegurar que se trató de un paro cardíaco.

Stephen Koek-Koek (1887-1934), inglés. Las obras, en orden descendente: fotografía de Stephen Koek-Koek – La procesión – Caminante – Pescadores – La congregación

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