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A los treinta y tres años, en 1792, a Mary Wollstonecraft se le ocurrió escribir “Vindicación de los derechos de la mujer” y dijo algunas cosas interesantes. Mary afirmó todo lo contrario a las ideas dominantes sostenidas por filósofos y educadores en relación a la mujer. Ellos, dueños de la ciencia y del poder del pensamiento de las clases cultas, establecieron, con absoluta certeza, que la mujer era incapaz de pensamientos racionales o abstractos, por lo tanto, resultaba imposible que recibiera una educación similar a la de un hombre. Jean Jacques Rousseau aseguró que las mujeres no necesitaban educarse en forma racional y que todo lo que debían aprender era a satisfacer el placer de los hombres. Mary, yendo en contra de las ideas de los grandes pensadores de su tiempo, dijo que si se consideraba a las mujeres incapaces de pensamientos racionales no era porque fueran incapaces de tenerlos sino porque los hombres se negaban a educarlas, rebajándolas al nivel de juguetes o perritos de compañía. Agregó que los hombres debían ser frívolos para tener ideas como esas sobre las mujeres. Mary fue categórica al decir que era imprescindible que la mujer se insertara en la sociedad en igualdad de conocimientos que los hombres ya que, de no recibir la educación apropiada, el conocimiento y la virtud detendrían su progreso. Un par de años antes, en 1790, ella había publicado “Vindicación de los derechos de los hombres“, una respuesta a las ideas de Edmund Burke sobre la Revolución Francesa. Burke, un irlandés considerado el pensador fundamental del liberalismo conservador británico, argumentó en contra de los revolucionarios franceses y reflexionó sobre la debilidad de la mujer y el sufrimiento de María Antonieta. Mary le contestó diciendo que, mientras él se preocupaba por el sufrimiento de María Antonieta, no le interesaba en absoluto el padecimiento de las mujeres muertas de hambre de las clases bajas francesas, a las que, por otra parte, despreciaba. Seis años después, en  “Mary”, una novela inconclusa, imaginó a una mujer encerrada por su marido en el manicomio sin otro fundamento que robarle el dinero.La Mary de la novela sufre humillaciones y penurias. Pero, lo más importante es su amistad con una de las enfermeras, Jemina. La enfermera ha tenido una vida dolorosa junto a su marido. Esto dará la oportunidad a Wollstonecraft de reflexionar y considerar similares los sufrimientos de todas las mujeres. De este modo, quizás, por primera vez en la historia, deja de lado los pensamientos clasistas de la desigualdad social para considerar a todas las mujeres como iguales por su propia condición de ser mujer. Pero Mary no solamente escribía libros. También se dedicaba a vivir en la realidad. Y lo hacía de un modo poco común entre las mujeres burguesas.

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El padre de Mary se gastó la plata de la familia. Para olvidarse del desastre empezó a emborracharse todos los días y a golpear a su mujer. Mary era una chica en edad adolescente y no le gustaba lo que le pasaba a su madre. Así que todas las veces que su padre llegaba borracho, ella corría y se acostaba frente a la puerta del dormitorio de su madre. No encontró una forma mejor de protegerla. Más adelante, su hermana Eliza la pasó mal junto a su marido. Mary tenía gran influencia sobre ella y la convenció de abandonar a su marido y su hijo recién nacido. Quizás, no fue el mejor de los consejos, sobre todo, considerando que Eliza fue repudiada socialmente. Pero era el modo de pensar de Mary. Y también el modo en que hacía las cosas: un tanto diferente al resto. Cuando se hizo amiga de Jane Arden, hija de un filósofo, pasaba gran parte de su tiempo con ella. Leían juntas y paseaban. Mary le envió una carta contándole que tenía ideas románticas sobre la amistad entre ellas. Con Fanny Blood, la más importante de sus amigas, quiso vivir con ella e incluso la ayudó económicamente. Al tiempo, se convenció de haberla idealizado. Fanny no era como ella y tenía valores propios de las mujeres de su época: se casó, seguramente, más por salir de las dificultades financieras que por amor pero no dejaba de ser una acción que desagradó a Mary. De todas maneras, Mary no la abandonó y estuvo junto a ella cuando se enfermó de gravedad. Estuvieron juntas en Portugal donde el clima podría mejorar a Fanny. No sirvió de mucho. Fanny murió y Mary se deprimió, lo que era usual en ella. Algunas veces, sus depresiones la llevaron a intentar suicidarse.

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Al morir su amiga, decidió regresar a Inglaterra. Tenía poco dinero y no encontró otro trabajo que el de institutriz. Le sirvió para inspirarse y escribir un libro de relatos infantiles. Sin embargo, estaba lejos de sentirse satisfecha, así que decidió hacerse escritora profesional. En los finales del siglo XVIII, era poco probable que una mujer pudiera sobrevivir con lo que ganara escribiendo. A Mary le pareció bien. Al menos, mucho mejor que realizar los trabajos permitidos a las mujeres por las costumbres sociales de su tiempo. Se radicó en Londres y se convirtió en la amante del pintor y escritor Henri Fuseli, que estaba casado con una de sus modelos Sofía Rawlins. Mary no demoró en tener una idea al respecto: le propuso a Sofía vivir los tres juntos. A Sofía no le pareció adecuado y se las ingenió para que Fuseli terminara con la historia amorosa. Desilusionada, Mary se fue a París. Llegó en un buen momento para una escritora: el de la Revolución Francesa. En medio de la convulsión social, mantuvo una intensa relación sentimental con el especulador comercial Gilbert Imlay. Antes de dedicarse a los negocios, Imlay había sido oficial en la lucha por la independencia de Estados Unidos y, terminada la guerra, escribió algunos libros que no aportaron mucho. A Mary, él la atraía sexualmente de una manera desconocida para ella. Incluso, quedó embarazada y tuvo a su hija Fanny Wollstonecraft, que llevó el apellido materno ya que la niña había nacido de una madre soltera. Imlay la abandonó antes del parto aunque le mandó cartas diciendo que volvería a su lado. Mientras tanto, Mary se quedó sola con su hija en medio de la revolución. Un país donde habían guillotinado a muchos de sus amigos y que se encontraba en guerra con Inglaterra no parecía ser un sitio cómodo para Mary. Ella lo entendió de este modo y viajó a Londres. Encontró a Imlay. Él la despreció y ella tomó láudano en grandes cantidades pero no consiguió suicidarse. La salvaron. Convencida de lo que debía hacer, persistió en su idea y saltó desde un puente al Támesis. No estaba destinada a morir por suicidio. Otra vez, fue salvada.  Luego, escribió sobre eso: “(…) No dejaré que lo que fue uno de los actos más calmados de mi razón sea considerado como producto de la desesperación. En cuanto a él, no tengo que rendir cuentas a nadie que no sea a mí misma. Si me preocupara lo que llaman reputación, serían otros actos de mi vida los que me deshonrarían”.

Portrait Mary Wollstonecraft Godwin

Como pudo, Mary siguió hacia adelante. Se hizo amiga de la actriz Sarah Siddons, de la escritora Elizabeth Simpson Inchbald, con la que se peleó públicamente, y, sobre todo, de Mary Hays, escritora y de ideas cercanas a las de Mary. En esta época, mantiene una relación amorosa con William Godwin, importante escritor y filósofo, utilitarista y defensor del anarquismo. Godwin se enamoró lo suficiente de ella como para casarse. Claro, ella aceptó pero se fueron a vivir en dos casas contiguas. Cada uno en la suya. De todos modos, el matrimonio no duró demasiado. Mary quedó embarazada y murió a causa del parto. A Godwin se le ocurrió que era homenajearla el escribir sobre las cosas que ella había hecho. Lo destruyeron considerándolo falto de toda caballerosidad y lo compararon con las mujeres chismosas.El libro de Godwin sirvió para conocer la vida de Mary, sus intentos de suicidio, sus amoríos, el ser madre soltera. También sirvió para hundirla en el olvido durante más de un siglo y medio. La sociedad inglesa la consideró una mujer carente de moral. Pero el mundo cambió y Mary pasó a ser considerada una figura de extraordinaria importancia dentro del pensamiento filosófico y del feminismo.

En cuanto a la niña que tuvo con Godwin, al hacerse mujer se enamoró de un notable poeta, que estaba casado y con el se fue a Francia, viajó por Europa, regresó a Inglaterra, y tuvo una hija que murió en forma prematura. La esposa del poeta se suicidó y la pareja de amantes fue condenada al ostracismo social. Al fin se casaron, fueron de viaje de un sitio a otro, perdieron otros hijos, y, mientras ella estaba embarazada del que sería el único hijo que permanecería vivo, Percy se ahogó en un naufragio. Para entonces, Mary Wollstonecraft Godwin había cambiado su nombre por el de Mary Shelley y había escrito Frankestein.

Mary Wollstonecraft (1759-1797), filósofa y narradora inglesa. Las pinturas, en orden descendente: Retrato de Mary Wollstonecraft, por John Opie; Retrato de Mary Wollstonecraft, por John Keenan; Retrato de Mary Woolstonecraft, por John Opie; Mary Woolstonecraft; grabado de James Heath, basado en el cuadro de John Opie.

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