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Joshua Ruley era un negro esclavo que consiguió escaparse a Connecticut. Conoció a Eudora Robinson, que también había sido esclava y que tenía varios hijos. Se casó con ella y formaron una familia numerosa con los hijos que nacieron del matrimonio. Una de esos hijos era Ellis Walter Ruley. Cuando nació, el 3 de diciembre de 1882, nadie imaginó que iba a tener una vida muy particular.

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Ellis estudió en la escuela pública y tuvo algunos trabajos ocasionales hasta que decidió seguir los pasos de su padre y se hizo obrero de la construcción. Cuando se acercaba a los cuarenta años, se casó con Ida Bee y tuvo con ella a su única hija, Marion. La pareja duró poco. Se separó en 1925. Cuatro años después, a Ellis lo atropelló un coche. Como el accidente estaba relacionado con su trabajo y, en apariencia, él había sufrido lesiones serias, recibió una indemnización de 25.000 dólares. Una cifra importante en la época. Ellis se compró un Chevrolet verde y unas cuantas hectáreas de tierra en Hills Laurel, un sector de Norwich propio de blancos. Si su presencia resultó un poco molesta, el asunto se agravó al casarse por segunda vez. Ellis eligió a una mujer blanca y alemana, Wilhelmina “Tootsie” Fox,

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Ellis se aburría un poco y, teniendo tiempo libre ya que se dedicaba a hacer nada desde el accidente, decidió pintar. No sabía nada de técnicas, así que comenzó pintando con pintura de pared. Luego, sus conocimientos mejoraron y utilizó óleos para hacer cuadros de brillantes colores. En su vida le iba bastante bien, considerando que era negro en los Estados Unidos de la primera mitad del siglo veinte. Pero ocurrió algo inesperado. Su yerno, Douglas Harris, un tipo alto y corpulento, se cayó a un pozo del campo de Ellis. El pozo siempre había estado ahí y Douglas lo conocía de memoria. Sin embargo, según la policía y el juez, la cabeza se la había partido en tres por efecto de la caída. No tomaron en cuenta que el Ku Klux Klan tenía más de mil integrantes en la zona y, seguramente, no estarían muy de acuerdo con un negro casado con una rubia alemana y que andaba pavoneándose en un Chevrolet verde. Como fuera, Ellis no se movió del lugar y siguió pintando. Incluso a tiempo completo y poniendo las pinturas en los armarios y bajo la cama.

ellis-ruley-bandidos-sobre-escritos-y-pinturas-juan-carlos-boveriEllis siempre pintó de forma intuitiva pero lo hizo con toda su pasión. Fue una pena que no quisiera mudarse. En 1959, lo encontraron tirado en el camino de entrada de su casa. Tenía la cabeza rajada. Como era habitual cuando un negro era asesinado, el juez y la policía concluyeron que fue un accidente. Al mes siguiente, la casa de Ellis fue quemada y su hija internada en un hospital psiquiátrico donde le hicieron una lobotomía sin que nadie lo autorizara.

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Ellis Ruley, mientras vivió, vendió sus cuadros en los puestos de los mercados de pulgas a unos 15 dólares cada uno. Nadie supo demasiado de su trabajo como artista. Más de treinta años después, a comienzos de los años 90, los coleccionistas lo descubrieron y del completo olvido, sin la menor idea de la perspectiva ni de técnicas, solamente con lo que consigue transmitir,  pasó a ser uno de los pintores estadounidenses elevado a ocupar un lugar en los museos.

Ellis Ruley (1882-1959), estadounidense. Las obras, en orden descendente: “Piscina”; “Accidente”; “Tiempo de la cosecha de frutas”; “Bandidos”, “Adán y Eva”.

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