ALICIA EN EL PAÍS DE LOS PEDÓFILOS

El clérigo anglicano Charles Dodgson o su doble, Lewis Carroll, era, como muchos otros, un hombre de apariencia honesta, religiosa y, en su caso, con auténtico talento para la literatura y las matemáticas. El diácono Dodgson o Caroll, tenía la afición de la foto-grafía. Sus modelos favoritos eran los niños. Más precisamente: las niñas. El clérigo acos-tumbraba fotografiar a las niñas en poses sensuales y, por supuesto, desnudas. Las familias, al enterarse, rompieron muchas de esas fotos en que sus hijas estaban desnudas. Tres o cuatro de las fotos de desnudos permanecieron permitiendo compro-bar que el señor Dodgson pertenecía a la clase de los religiosos pervertidos. Ya casi nadie duda de la pedofilia de Dodgson o su doble, el magnífico literato Lewis Carroll, autor de dos de los mejores libros de la historia de la literatura: “Alicia en el país de las Maravillas” y “A través del espejo”. Dodgson-Carroll tenía dos niñas a las que fotografiaba en forma constante: Alicia Liddell y Alexandra Kitchin. Más allá de un nombre coincidente, es difícil ver en ellas algo que pudiera inspirar el personaje de Alicia, la niñita rubia, encantandora, muy británica y victoriana, que tiene maravillosas aventuras.

El diácono Dogson y el escritor Carroll se vieron en problemas cuando las fotos fueron descubiertas. El escritor hubiera sido condenado pero el clérigo no. En definitiva, era la misma sociedad que condenaba a Oscar Wilde por indecencia relacionada con la homosexualidad y miraba hacia otro lado la pedofilia de los hombres de la iglesia. Tampoco nada que no sea bastante común en todas las sociedades, en todas las épocas: la gente siempre mira hacia otro lado cuando los pervertidos pertenecen a la iglesia. Hay que ser justos: también cuando son muy ricos o tienen posiciones de poder. En el caso de Dogson, célebre como Lewis Carroll, sus fotos de niñitas desnudas o en poses excesivamente sensuales, han sido un documento de su pederastia. Pero, casi con la única excepción de Balthus, nadie ha tratado de pedófilos a la enorme cantidad de pintores que han retratado a niños desnudos. El retrato de una mujer o de un hombre desnudo siempre, y sin excepción, implica un hecho erótico. ¿Los cuadros de niños desnudos carecen de erotismo? Si en vez de pinturas fueran fotografías de niños desnudos, los autores, ¿serían puestos bajo sospecha de pedofilia, como el señor Dogson-Carol?

Las fotos (en orden descendente): Fotógrafo: Charles Dogdson. Modelos: Alicia Liddell; Alexandra Kitchin.

Las pinturas (en orden descendente): Slava Groshev (“En la toilette”); Benito Rebolledo (“Niña frente al mar”); Joaquín Sorolla (“La niña curiosa”); William Bouguereau (“Cupido mojado”); Joao Da Costa (“Desnudo de muchacho”).