EL TÍO TOM, EL MELODRAMA Y LA ESCLAVITUD

En los comienzos de1850, en Estados Unidos, Walt Whitman publicaba “Hojas de Hierba” y vendía diez ejemplares de su primera edición,  Herman Melville, “Moby Dick”, Nathaniel Hawthorne “La letra escarlata”, Henry Thoreau “Walden o la vida en  los bosques”. Ninguno de ellos tuvo el suceso ni provocó un efecto tan inmediato y trascendente como un libro sin grandes méritos literarios escrito por una mujer: Harriet Beecher Stowe. El libro: “La Cabaña del Tío Tom”. Las ventas: diez mil ejemplares en una semana y más de trescientos mil en el primer año.  Después de la Biblia, “La Cabaña del tío Tom” fue el libro más vendido del siglo XIX. Su tema central: la esclavitud.

Cuando el libro apareció, Estados Unidos se encontraba en los inicios de un conflicto que se desencadenaría en la década siguiente. Los estados del norte, industrialistas y abolicionistas y los estados sureños, agrícolas y esclavistas. Se debatía un modelo de país. El Sur necesitaba de los esclavos para tener mano de obra económica en el cultivo del algodón. El Norte, la libertad de los esclavos para incorporarlos al nuevo sistema industrial en el que se necesitaba crear una clase obrera que gastara en el mercado lo que ganaba en las fábricas. Ni unos ni otros tenían ningún ideal humanitario. Era una cuestión económica. Pero, los intereses económicos del Norte coincidían con el ideal de libertad mientras que los del Sur chocaban contra él. “La Cabaña del Tío Tom” aparece en el contexto de esta discusión. Sin embargo, Stowe no está motivada por razones políticas ni económicas. Es una cristiana, hija de un pastor, casada con un pastor viudo, que realmente cree en la igualdad y en imponer la piedad entre los hombres. Su novela provocará más polémicas y transformará en abolicionistas a cientos de miles de lectores. Una obra de ficción que logró lo que no consiguieron ni los pasquines políticos ni los libros políticos y filosóficos que trataron el tema de la esclavitud. Años después, Lincoln, al conocer a la escritora le dijo: “Así que es usted la responsable de iniciar esta gran guerra”. 

Harriet Elizabeth Beecher Stowe vivía en Connecticut y no conocía el Sur, apenas había hecho una corta visita en el estado de Kentucky. Pero su padre era un abolicionista y su sirvienta le contó historias de los esclavos. Harriet era ama de casa, madre y escribía para conseguir un poco más de dinero para la familia. Su nombre como escritora ya era un poco conocido cuando comenzó a publicarse en el National Era, un periódico abolicionista, la historia de Tom. Un año después, sería editado el libro. Las repercusiones fueron extraordinarias. Los lectores del Norte se mostraban horrorizados ante las atrocidades que se cometían en el Sur con los esclavos negros. Los lectores del Sur aseguraban que todo era una mentira ideada por la mente enferma de una mujer. Como respuesta a las acusaciones de falsedad, Beecher Stowe escribió, en 1853, una obra: “Claves para la Cabaña del Tío Tom”, en la que reunió una enorme cantidad de artículos periodísticos y de denuncias sobre casos reales que mostraban la injusticia y la crueldad que se ejercía sobre los esclavos. Lo que contaba ahora superaba en mucho su relato de ficción. Desde entonces, nadie pudo poner en duda la forma en que los autoproclamados “caballeros del Sur” usaban sexualmente a las mujeres negras, cómo castigaban a latigazos a los indisciplinados, y las condiciones infrahumanas en las que vivían los negros. Algo por completo diferente a los comprensivos y generosos amos blancos y a los juiciosos esclavos negros que presentará, en el siglo siguiente, Margaret Mitchel con su novela rosa “Lo que el viento se llevó”.

“La Cabaña del Tío Tom” dio paso a una industria que se formó a su alrededor: juguetes, estatuas, pañuelos, vajillas, con las imágenes de los personajes se vendieron por miles. El episodio en que Eliza se fuga con su hijo en brazos para alcanzar territorio libre y debe cruzar el río Ohio se convirtió en una escena esencial del teatro estadounidense, cuando se dramatizó el libro en los “Tom Show” que recorrieron los estados norteños. Eliza con su hijo en brazos provocó más llanto que todo lo que había producido la ficción hasta entonces. Muchos estuvieron de acuerdo en que Beecher Stowe había sido la promotora del triunfo de Lincoln.

Pocos libros han significado tanto en la historia de los países como “La Cabaña del Tío Tom”. Mucho menos llegar a convertirse en un fenómeno social. Esto es lo que fue ese melodrama en el que una señora ama de casa y escritora en su tiempo libre contó la historia de unos negros esclavos llamados Tom, Eliza, Eva, George, Chloe, Emmeline y Topsy. Un libro sin mucho valor literario pero con un inmenso valor social siendo uno de los más formidables arietes para derribar la esclavitud y combatir la injusticia y la crueldad que constituyen cualquier forma de racismo.

POGO, EL PAYASO ASESINO

John Wayne Gacy era un gordito con nombre de un actor siempre héroe y paradigma del estadounidense medio. John parecía uno de esos “gorditos buenos” que caen simpáticos. Trabajaba vendiendo zapatos y en fiestas infantiles disfrazándose de payaso. John era homosexual. Pero decidió casarse y tuvo problemas: su mujer se divorció de él porque nunca conseguía una erección. La única vez que lo logró, por un milagro o por un amante, su esposa quedó embarazada y tuvo una hija. A John le gustaban los niños y los adolescentes. Durante los cuatro años que duró el matrimonio, abusó de una buena cantidad de menores de edad. Su esposa se divorció de él. Ya lo habían metido preso y estaba sentenciado a diez años de prisión. Pero, en la cárcel, convenció a todos de ser un buen tipo. Lo dejaron salir al año y medio. John se puso contento: podía continuar abusando sexualmente de niños y, sobre todo, dedicarse de lleno a su verdadera vocación. John tenía una condición natural: era un asesino.

Al salir de la cárcel, se mudó, compró una nueva casa, puso un negocio y se convirtió en un ciudadano respetable. Como siempre hay mujeres bien dispuestas, encontró una segunda esposa y, otra vez, acabó divorciado. Ya había matado a algunos adolescentes y un par de niños. Como usaba traje con corbatas y seguía vistiéndose de payaso en las fiestas infantiles, nadie sospechaba de él. Nada lo diferenciaba del resto, excepto el vestirse de payaso. Esto caía bien. Mostraba que tenía un alma buena y un interior triste; como todos los payasos, tal como es sabido por todo el mundo. Era una pena que John tuviera un punto débil: su anterior condena por abusos sexuales. La policía comenzó a seguirlo. Había dos o tres muertes que no podían resolver. Él era un buen candidato para solucionar el problema: si no era culpable, al menos, se le podía echar la culpa y con un buen fiscal y un abogado defensor deficiente, los casos quedarían cerrados. Como suele hacerse. Sin embargo, la policía no estaba errada. John era el asesino. No había matado solamente a los que se creía. Confesó treinta y tres asesinatos de niños y adolescentes. A varios los enterró en el patio de su propia casa. A otros los desparramó por los terrenos que encontró. Nunca hallaron todos los cadáveres. John se negó a decir dónde estaban y sugirió que había matado a muchos más. Ya estaba preso y lo estaría por catorce años. En ese tiempo, se dedicó a su pasatiempo: pintar.

 Sus cuadros tenían dos temas predominantes: los payasos y Blancanieves con los siete enanitos. Uno de los payasos que dibujó se llamó Pogo. Hizo varios retratos de él. El 10 de mayo de 1994, le prepararon una buena comida: camarones, pollo, papas fritas y frutillas. Después le pusieron una inyección y lo mataron. Tenía cincuenta y dos años. Mientras lo mataban, afuera, en la calle, había mucha gente. Realizaban la fiesta de la ejecución, como ellos le llamaron al acontecimiento. Algunos vendedores ofrecían remeras con el rostro de John y otros artículos que servían de recuerdo para poner en las repisas.

Apenas acabó la ejecución, en el mercado de arte salió a la venta la obra del artista John Wayne Gacy. Se vendió bien. Los estadounidenses siempre compran. Es congénito. El payaso Pogo tuvo éxito. Su nombre se puso en revistas, e inspiró a escritores para hacer novelas y a grupos musicales de distintos países para escribir canciones. Por supuesto, no faltaron los expertos que explicaron la conducta de John: se debía a traumas de la infancia y a culpas de la sociedad. Incluso hubo una científica que, justamente, compró su cerebro y lo metió en un frasco para estudiarlo. En el mercado de consumo, un asesino serial y abusador sexual de niños puede llegar a ser un muy buen negocio si se sabe cómo manejarlo. De este modo, los cuadros al óleo de Blancanieves y los siete enanitos, y los tiernos payasitos pueden ser colocados en el cuarto de los niños y esperar a que lleguen las visitas para mostrarlos.

John Wayne Gacy, o Pogo o El Payaso Asesino (1942-1994), estadounidense. Las pinturas, en orden descendente: Pogo, el clown; Los siete enanitos en el bosque; Fippo, el payaso; El payaso Arcoiris .

EL SWING Y LA ROSA BLANCA

Sophie Scholl era católica y tenía convicciones firmes. El problema de pensar como ella era estar en Alemania durante el régimen nazi. Sophie terminó la escuela secundaria en 1940. Para egresar, debía escribir un ensayo. Lo llamó: “La mano que mueve la cuna, mueve el mundo“. Sin duda que era una chica de carácter. Cuando entró en la Universidad de Münich se dedicó al estudio de la biología y la filosofía. También, era buena dibujante y le gustaba pintar. Con sus amigos intelectuales mostraba su preocupación esencial: ¿Qué se debe hacer cuando se está en desacuerdo con una dictadura? En forma casual, encontró un panfleto. Luego, vio una pared pintada. En el panfleto y en la pared, alguien había escrito contra el régimen de Hitler. Así fue cómo Sophie se enteró de la existencia de un movimiento opositor: La Rosa Blanca.

Sophie quiso saber sobre La rosa Blanca. Lo consiguió y tuvo una sorpresa. Su hermano Hans era uno de los cinco que habían comenzado con el grupo. Estaban a la mitad del año 1942 y la guerra se encontraba en su apogeo. Los cinco integrantes iniciales pasaron a ser muchos más en poco tiempo. Sophie se encaragaba de repartir los panfletos de propaganda antinazi, incluso, viajando a otras ciudades. Ella y su hermano eran los líderes y estaban convencidos de sus creencias religiosas, de lo brutal del nazismo, de la necesidad de sostener la libertad individual. Tuvieron suerte durante unos meses: la Gestapo no conseguía localizarlos. Pero, la buena suerte los abandonó cuando se inició el período escolar de 1943.

Mientras el grupo de resistencia de La Rosa Blanca asumía una definida y pensada resistencia, alcanzaba su punto más elevado lo que ocurría con Los Chicos del Swing.

A fines de 1920, aparece en Estados Unidos un nuevo estilo de música de jazz: el swing. Junto con el nuevo ritmo, surgen las grandes bandas que van a ejecutarlo. Hasta entonces, el jazz está dominado por los negros pero el swing se comercializa con rapidez, incorpora elementos del music hall y de la música europea, y, sobre todo, para satisfacción del racismo imperante en Estados Unidos, la mayoría de las orquestas están controladas por los blancos. Benny Goodman (de inmediato proclamado El rey del Swing“, lo que mostraba la superioridad blanca sobre los negros), Tommy Dorsey, Glenn Miller, Artie Shaw, son los más populares. Claro, resulta imposible evitar que los negros Duke Ellington y Count Basie sean los que más talentosos y los que más aporten al swing, ni que las negras Billie Holiday (con la que se producen problemas raciales cuando canta con el blanco Artie Shaw), Ella Fitzgerald y Sarah Vaughan, sean las mejores cantantes de este estilo y de cualquier tipo de jazz.

Entendiendo que el swing es una creación de los negros y los judíos (en lo que tiene razón), Joseph Goebbels, ministro de propaganda del régimen nacional socialista alemán, considera que es música degenerada. Pero ya hay un buen número de chicos alemanes, casi ninguno mayor a los dieciocho años, miembros de familias pudientes, que se enloquecen con la nueva música. Asumen actitudes específicas: se visten según la moda que siguen los jóvenes ingleses: usan paraguas aunque no llueva, pelo largo caído sobre la frente, sobreros hongo, sacos y sobretodos demasiado amplios. Ninguno hace caso de las advertencias: todo lo que les interesa en estar al tanto de las últimas novedades musicales. Forman un conjunto social no demasiado amplio pero que tiene algo que los diferencia de los demás jóvenes alemanes: su desobediencia al régimen.

Los Chicos del Swing habían aparecido por toda Europa alrededor de 1935. No tienen ninguna intención política. Todo lo que los motiva es la música. Pero son rebeldes y esta rebeldía se convierte en una seria cuestión política. Cuando se inicia la guerra, en Alemania comienzan a sentir que esos muchachos son un insulto al país: copian modas extranjeras, escuchan a los judíos Benny Goodman y Artie Shaw, y no respetan la autoridad. La paciencia de los jerarcas nazis se sostiene demasiado tiempo, sobre todo, porque entre Los Chicos del Swing casi no hay judíos, los arios son inmensa mayoría y pertenecen a familias acomodadas. Como podía suponerse,  la paciencia llega a su fin. Himmler,el jefe de las SS exige que se termine con ellos. Es el año 1942. El mismo año en que Sophie Scholl se une a La Rosa Blanca.

En Los Chicos del Swing hay una resistencia espontánea que no se afirma sobre una formada ideología. En La Rosa Blanca, hay una conciencia política definida. Unos chicos se oponen a la autoridad para defender su derecho a hacer lo que se les da la gana: escuchar y bailar con la música que les gusta; vestirse como les parece y no como se visten los jóvenes del nazismo. No parece que tengan muy en claro cuál puede ser su destino al oponerse, casi sin darse cuenta, al régimen nazi. Es difícil creer que tengan una clara idea de la necesidad del régimen de imponer la uniformidad social y la homogeneidad de pensamiento. Esto los distancia de los chicos de La Rosa Blanca: ellos sí tienen conciencia de lo que significa oponerse al nazismo. Espontaneidad y conciencia. De cualquier forma, unos y otros, por caminos separados y absolutamente diferentes, se oponen a la dictadura, a la imposición de las ideas y los hábitos de existencia.

En 1942, Los Chicos del Jazz son perseguidos y los más reconocidos de Hamburgo, unos setenta, son detenidos y condenados a tres o cuatro años de encierro. A los menores de dieciocho años se los ubica en centros de detención juvenil. A los mayores de edad y, especialmente, a los pocos judíos que encuentran, se los trata como a presos políticos y se los lleva a campos de concentración. Algunos lo pasan mal y las malas condiciones de existencia los llevan a la muerte. La mayoría, por ser arios y de familias con contactos políticos, es tratada con mayor complacencia. Se les intenta hacer cambiar de gustos. Todos, chicas y chicas, que se encuentran en sitios separados, responden del mismo modo: cantando temas del swing. Todo el tiempo cantan y, alguno de ellos, hasta consigue que sus padres le envíen un tocadiscos y discos de swing. Es decir: nada les hace variar su forma de pensar.

Unos meses después de la detención de Los Chicos del Swing, Sophie Scholl, tiene unos panfletos en sus manos. Los panfletos incitan a resistir al régimen y a defender la libertad de pensamiento. Sophie sube hasta lo más alto de las escaleras del atrio de la facultad. A la salida de los estudiantes, los arroja al aire para que caigan sobre ellos. Luego, la Gestapo la detiene y, con ella, a su hermano y a los principales integrantes del grupo.

Hans Scholl tiene 25 años. Sophie Scholl, 21 años. A los dos les cortan las cabezas en la guillotina. Es la forma de impedir que piensen con libertad.

 

Las fotos, en orden descendente: Sophie Scholl; Hans Scholl; Bailarines de Swing; Jóvenes de la Juventud Hitleriana; Jóvenes de la Juventud Hitleriana; Muchachas del Nacional-Socialismo; Sophie Scholl.

NUSSBAUM, UN PINTOR JUDÍO

Hay pintores con una larga y serena vida; alguno se corta una oreja o se suicida; otro es alcohólico, drogadicto, mujeriego, puede vivir en un cuarto pobre de Montmartre, volverse loco. A Félix Nussbaum le tocó algo distinto. Ser judío. Esto no es nada especial. Muchos son judíos y tienen buenas vidas. Pero Félix era un judío en época de nazis. Y no pudo tocarle peor destino.

El padre de Félix, Phillip Nussmann, fue un soldado que luchó por Alemania en la primera guerra mundial. Pero tuvo que huir del país cuando los nazis tomaron el poder. Sin embargo, no pudo permanecer mucho tiempo en el exilio. Sentía añoranza de su tierra y regresó. Félix hizo todo lo que pudo para impedir que su padre y su madre volvieran a Alemania. No tuvo éxito. Él permaneció un tiempo en Suiza y, luego, se fue a Bélgica. Lo acompañaba la pintora Felka Platek, su compañera desde 1934 y esposa desde 1937. Pero los nazis ocuparon Bélgica en 1940 y Nussbaum fue detenido y enviado al campamento de Saint-Cyprien, en Francia. Después de un tiempo, lo trasladaron a Alemania. Félix consiguió escapar del tren que lo llevaba y pudo llegar a Bruselas para encontrarse con Felka. A partir de ese momento, la pareja vivió en la clandestinidad, sin papeles, sin trabajo, sin dinero y con el constante riesgo de ser detenidos. Un amigo les dio refugio, los alimentos y las pinturas. En estas condiciones, Félix y Felka, pasarán más de tres años.

En esos años, Félix pinta. Sus pinturas son un relato de lo que ocurre en su vida. El miedo, la permanente angustia, la opresión de la barbarie que lo circunda. Eso está en sus cuadros. En “Autorretrato con documento de identidad”, pinta la figura de un hombre con sombrero, el cuello del abrigo alzado, la estrella de David obligatoria, el documento de identidad con el sello de ser judíoPero el pintor judío Nussbaum no está pintando un autorretrato. En él, en Nussbaum, está pintando un retrato del temor y la humillación de todos los judíos.

El gobierno de Hitler dividió a los habitantes de Alemania en dos categorías: los compañeros de la nación, en la que se encontraba el cuerpo histórico y cultural del país; y los residentes, los que no eran considerados parte del cuerpo histórico y cultural: los judíos, los gitanos, los discapacitados física o mentalmente. En 1935, se aprueba las Leyes de Nuremberg de la Pureza Racial. Estas leyes impiden que los judíos puedan tener contacto con los alemanes de raza aria y pura. Estas leyes se complementan con La ley para la protección de la sangre y el honor alemanes, en la cual se prohíbe, bajo pena de muerte, el matrimonio entre judíos y no judíos. Los judíos, en lo sucesivo, pierden el derecho a votar. Más adelante, se prohíbe a los médicos arios atender a pacientes judíos. Al mismo tiempo, se impide que los médicos judíos ejerzan su profesión. Los diarios nazis hablan en forma constante de los judíos considerándolos una lacra social que debe ser extirpada como un tumor del cuerpo humano. El pueblo alemán ario está de acuerdo y respalda con orgullo y por completo las decisiones del gobierno nazi. No hay nada que impida el paso siguiente: la exterminación de los judíos.

El año 1944 resulta malo para Nussbaum y toda su familia. La policía lo descubre. Su padre y su madre son apresados y asesinados en Auschwitz. Junto a ellos, su hermana, su cuñado y su sobrino. Su otro hermano muere de hambre y agotamiento en el campo de concentración de Sttuthof. El pintor Félix Nussbaum es ejecutado en Auschwitz, Polonia, en agosto de 1944. Su muerte es parecida  a la de más de dos millones de personas, la mayoría judíos, que son asesinadas en experimentos o asfixiados en las cámaras de gas en Auschwitz. ¿El motivo por el que Félix Nussbaum es asesinado? Ser judío. Nussbaum deja algunos cuadros en los que cuenta lo que siente.

Félix Nussbaum (1904-1944), alemán y pintor expresionista. Las pinturas, en orden descendente: “Autorretrato con documento de identidad”, “En el campo”, “Trío”, “La muerte triunfante”, “Lo maldito”.  (Todas las pinturas fueron realizadas entre 1940 y 1944).

LACAN Y EL ORIGEN DEL MUNDO

Gustave Courbet, en 1866, pintó un cuadro. Un óleo sobre lienzo de 55×46 cm. El cuadro muestra la vagina, el pubis, las piernas abiertas y parte del vientre de una mujer acostada sobre una sábana blanca. El cuadro es “El origen del mundo”. A Courbet no se le ocurrió llamarlo así. Pero, desde comienzos del siglo XX, es el nombre con el que se le reconoce. El anticuario Antoine de Narde lo compró en un remate. Más de veinte años después, el cuadro es visto en una casa de antigüedades y está cubierto por otro cuadro de Courbet: un paisaje, “La casa de Blonay”. En 1913, los dos cuadros, siempre uno cubriendo al otro, aparecen en la Galería Bernehim-Jeune, de París. Nadie sabe quién es el dueño del cuadro. El conde Ferencz Hatvany era pintor y coleccionista. Exponía en esa galería. Decidió comprar todos los cuadros de Courbet. Los llevó a Hungría y procedió como todos los propietarios anteriores de “El origen del mundo”: lo mantuvo oculto bajo otro cuadro. Los alemanes invadieron Hungría y, como lo hicieron en toda Europa, se robaron las obras de arte. La obra de Courbet fue con ellos. Los rusos la recuperaron y la devolvieron a la familia Hatvany. El conde se fue a París y, en 1955, le vendió el cuadro a Lacan.

Jacques Marie Lacan era hijo de padres católicos. Tanto él como sus dos hermanos fueron llamados “Marie”, por la virgen María. Lacan tuvo varios amoríos y ya tenía 33 años, en 1934, cuando se casó con la hermana de uno de sus mejores amigos: Marie Louise Blondin. De viaje de bodas fueron a Roma. Lacan pasó gran parte del tiempo recorriendo las iglesias y viendo las obras de arte religioso. Con su esposa Marie tuvo hijos pero, al mismo tiempo que la embarazaba, se hizo amigo de George Bataille. En 1937, la mujer de Bataille, Sylvia, se convirtió en la amante de Lacan. Para algunos, Geoge y Sylvia vivían en casas separadas pero no habían acabado con su matrimonio legal. Mientras mantenía un aparente matrimonio ideal con Marie y tenía dos hijos con ella, se encontraba con su amante una vez por semana, a veces, cada quince días. Sylvia había sido actriz y hasta había filmado una película mediocre. Ella quiso ser madre y quedó embarazada. Casualmente, la esposa legítima estaba esperando un niño. Su embarazo era de ocho meses. Fue el momento en que Lacan la abandonó para irse a vivir con su amante. Varios años después, los hijos que Lacan tuvo con su esposa Marie, se encontraron en forma fortuita con su padre. Él iba acompañado de Sylvie y de la hija de ambos, Judith, su preferida. Fue entonces que los hijos del psicoanalista se enteraron que su padre tenía otro hogar y que ellos tenían una hermana más. Con los años Judith se casaría con Jacques Alain Miller, absoluto heredero intelectual de los escritos de Lacan.

Cuando Lacan compró “El origen del mundo” lo llevó a su casa de campo. Le pidió a André Masson, cuñado de su amante y posterior segunda esposa, Sylvia, que pintara un cuadro para ocultarlo. Así, “El origen del mundo” permaneció escondido durante años. Lacan se murió en 1981, de modo que por más de veinticinco años nadie, excepto unos pocos, supo que Lacan era dueño del cuadro. Él pudo mantener el secreto. Cuando se murió, hubo deudas importantes en la sucesión y el estado francés embargó los bienes de Lacan. Entre las posesiones, encontraron el cuadro. De esta manera, “El origen del mundo” pasó a ser de Francia y se exhibe en el Museo D´Orsay. La casa de campo donde estuvo escondido el cuadro era el lugar usado por Lacan para encontrarse con su amante. Aunque lo parezca, no hay ninguna contradicción en que un famoso psicoanalista mantenga oculto un cuadro porque se lo considere “inmoral”. Por el contrario, es coherente con la hipocresía social que un hipócrita burgués pregone lo contrario de lo que realmente piensa y hace. Y Lacan no ha sido sino otro burgués aprobado por burgueses que le concedieron autoridad para hablar sobre la conducta humana.

Gustave Courbet (1819-1877), pintor francés. Jacques Marie Emile Lacan (1901-1981), psicoanalista francés.

ALICIA EN EL PAÍS DE LOS PEDÓFILOS

El clérigo anglicano Charles Dodgson o su doble, Lewis Carroll, era, como muchos otros, un hombre de apariencia honesta, religiosa y, en su caso, con auténtico talento para la literatura y las matemáticas. El diácono Dodgson o Caroll, tenía la afición de la foto-grafía. Sus modelos favoritos eran los niños. Más precisamente: las niñas. El clérigo acos-tumbraba fotografiar a las niñas en poses sensuales y, por supuesto, desnudas. Las familias, al enterarse, rompieron muchas de esas fotos en que sus hijas estaban desnudas. Tres o cuatro de las fotos de desnudos permanecieron permitiendo compro-bar que el señor Dodgson pertenecía a la clase de los religiosos pervertidos. Ya casi nadie duda de la pedofilia de Dodgson o su doble, el magnífico literato Lewis Carroll, autor de dos de los mejores libros de la historia de la literatura: “Alicia en el país de las Maravillas” y “A través del espejo”. Dodgson-Carroll tenía dos niñas a las que fotografiaba en forma constante: Alicia Liddell y Alexandra Kitchin. Más allá de un nombre coincidente, es difícil ver en ellas algo que pudiera inspirar el personaje de Alicia, la niñita rubia, encantandora, muy británica y victoriana, que tiene maravillosas aventuras.

El diácono Dogson y el escritor Carroll se vieron en problemas cuando las fotos fueron descubiertas. El escritor hubiera sido condenado pero el clérigo no. En definitiva, era la misma sociedad que condenaba a Oscar Wilde por indecencia relacionada con la homosexualidad y miraba hacia otro lado la pedofilia de los hombres de la iglesia. Tampoco nada que no sea bastante común en todas las sociedades, en todas las épocas: la gente siempre mira hacia otro lado cuando los pervertidos pertenecen a la iglesia. Hay que ser justos: también cuando son muy ricos o tienen posiciones de poder. En el caso de Dogson, célebre como Lewis Carroll, sus fotos de niñitas desnudas o en poses excesivamente sensuales, han sido un documento de su pederastia. Pero, casi con la única excepción de Balthus, nadie ha tratado de pedófilos a la enorme cantidad de pintores que han retratado a niños desnudos. El retrato de una mujer o de un hombre desnudo siempre, y sin excepción, implica un hecho erótico. ¿Los cuadros de niños desnudos carecen de erotismo? Si en vez de pinturas fueran fotografías de niños desnudos, los autores, ¿serían puestos bajo sospecha de pedofilia, como el señor Dogson-Carol?

Las fotos (en orden descendente): Fotógrafo: Charles Dogdson. Modelos: Alicia Liddell; Alexandra Kitchin.

Las pinturas (en orden descendente): Slava Groshev (“En la toilette”); Benito Rebolledo (“Niña frente al mar”); Joaquín Sorolla (“La niña curiosa”); William Bouguereau (“Cupido mojado”); Joao Da Costa (“Desnudo de muchacho”).

ALFONSINA STORNI O EL TRIUNFO DE SER

Alfonsina nació en Suiza. Los padres se radicaron en Argentina y ella creció con un padre alcohólico y una madre maestra en una escuela domiciliaria. El padre había sido dueño de una cervecería de la que se desligó y, con poco dinero, puso un café en la ciudad de Rosario. Alfonsina tenía diez años y trabajaba lavando platos y atendiendo las mesas. El negocio quebró y el único sustento para la familia era el trabajo de la madre y el de ella y sus hermanos. Ganaban lo justo para comer. Alfonsina se cansó de ser costurera, limpiar los pisos y cuidar de su hermano menor. Se fue a trabajar a una fábrica como obrera y repartiendo volantes para ganar un poco más. En 1907, a los quince años, se hizo actriz y recorrió medio país haciendo obras de teatro. Un poco después, escribió su primera obra de teatro. De versos estaban llenos sus bolsillos. A los diecisiete, se fue de su casa y se instaló sola en Coronda, una ciudad del sur de Santa Fe. Fue a estudiar en el colegio secundario. Pero no había hecho el colegio primario, así que la rechazaron. La directora le vio el talento de escritora y la ayudó. La hizo celadora, le pagó un sueldo y le permitió estudiar. Claro, el sueldo era escaso como para pagar el alojamiento y la comida. Para conseguir más dinero,  los fines de semana, viajaba a Rosario para cantar en un cabaret. Un día hizo las valijas y se fue a Buenos Aires. Era el año 1911. Alfonsina tenía diecinueve. Consiguió una pensión y se arregló como pudo. Estaba embarazada pero siguió adelante. Tuvo a su hijo, Alejandro, y aprovechó cada minuto libre para escribir poemas.

Con veinte años, a comienzos del siglo XX, en una sociedad dominada por los hombres y los prejuicios morales,  Alfonsina era una poeta pobre, madre soltera, y una mujer que vivía de su trabajo. Tenía un agregado: a nadie se le hubiera ocurrido considerarla físicamente bella, más bien, todo lo contrario. Sin embargo, logró trabajar como maestra, publicó libros, ganó premios, mostró un especial talento para la poesía y nunca claudicó en su lucha por los derechos de la mujer. Gran parte de su poesía está dedicada a la exigencia de igualar a hombres y mujeres. Otra parte, tiene la cuota erótica y romántica propia de una mujer que ha vivido.

La vida de Alfonsina es un largo combate para ganar un sitio. Pero, también, para soportar la soledad, los miedos, los desprecios, el menoscabo. Tuvo un gran amigo: el enorme escritor uruguayo Horacio Quiroga. Se entendía bien con él. Pero Horacio la dejó sola al suicidarse. Alfonsina se hundió en la depresión. Sin embargo, sabía salir de los abismos. Había caído muchas veces en ellos. Hasta que le diagnosticaron cáncer de mama. Entonces, bajó los brazos. O no los bajó y decidió enfrentar la muerte. Viajó a Mar del Plata, se hospedó en un hotel. Tenía fuertes dolores. Escribió una cartas. Una a su hijo. Otra, al escritor Manuel Gálvez pidiéndole que ayudara a su hijo. La tercera, al diario La Nación enviando un poema. En la madrugada, caminó hacia el mar.

En la tarde del día siguiente, todos los diarios, en su edición de la tarde, anunciaron la muerte de Alfonsina. En su cortejo fúnebre estuvieron las autoridades del país, los escritores más importantes, los que habían sido sus alumnos. Había muerto una de las más grandes poetas de América. Una mujer en un mundo de hombres entre los que se abrió paso a los codazos, sin nunca abandonar sus ideales, hasta llegar a lo más alto de su arte y a ganar un lugar por sí misma. Al día siguiente de su entierro, el diario La Nación publicó el poema que ella había enviado, “Voy a dormir”, en el cual los dos versos finales siguen siendo un misterio ya que nunca se ha sabido a quién alude, quizás a su hijo: “Si él llama nuevamente por teléfono/ le dices que no insista, que he salido”.

Alfonsina Storni (1892-1938), suiza-argentina. Escribió: “La inquietud del rosal”; “El dulce daño”; “Irremediablemente”; “Lánguidez”; “Ocre”; “Mundo de siete pozos”; “Mascarilla y trébol”; “Morir sobre los campos”; “Poemas de amor”. Todas obras poéticas. En teatro y teatro infantil: “El amo del mundo”; “Cimbelina en el 1900 y pico”; “Polixena y la cocinerita”; “La debilidad de mister Dougall”; “Los degolladores de estatuas”; “Blanco…negro…blanco”; “Pedro y Pedrito”; “El dios de los pájaros”; “Un sueño en el camino”; “Los cazadores de fieras”. Y una colección de sus ensayos, editada en 2005, con el título “Nosotras y la piel”.

CARMEN MONDRAGÓN O NAHUI OLLIN O EL TRIUNFO DE LA BELLEZA

Una mujer camina por las calles vestida con harapos. Habla sola. Vive en una casa vieja que heredó. Siempre está rodeada de gatos.  Duerme envuelta en una sábana en la que dibujó a uno de sus amantes muertos. Vive de una beca modesta. Hasta años atrás, ha sobrevivido enseñando dibujo en una escuela primaria. La mujer es Carmen Mondragón o Nahui Ollin. Sus méritos: escribir libros que pocos han leído; pintar cuadros primitivistas y casi infantiles; tener muchos amantes; haberse rodeado de artistas famosos; fotografiarse desnuda y ser, según dicen, hermosa.

Carmen era hija de un general muy rico. De niña la mandaron a estudiar a París. Al regresar a México, se casó a los veinte años con un cadete, Manuel Rodríguez Lozano, que, con el tiempo, dejaría de ser militar y se haría pintor. En México se había producido la revolución encabezada por Madero para desalojar a Porfirio Diáz. Cuando la situación se puso difícil, Mondragón y su marido se escaparon a París. Como tenían tiempo libre, se dedicaron a conocer artistas. Hablaban con Diego Rivera y Picasso y se entretenían. Pero comenzó la primera guerra mundial y no tenían ganas de ponerse en peligro. Se fueron a España. En París o en España, el matrimonio se llevaba mal. Apenas se apaciguó la situación en México y estaban muertos Zapata y Villa, Carmen volvió a la casa paterna. No le permitieron divorciarse. Ella lo aceptó. Su independencia y rebeldía llegaba hasta la posibilidad de perder el sustento paterno y la futura herencia.

Carmen se dedicó a tener amantes. Una sucesión de ellos. Luego, se enamoró de un pintor famoso, Gerardo Murillo, que se hacía llamar Dr. Atl y que pintaba y escalaba volcanes. Murillo-Atl le buscó un nombre apropiado. La llamó “Nahui Ollin”. El nuevo nombre, siguiendo las tradiciones aztecas, se relaciona con la renovación cósmica. Dr Atl-Murillo era hombre de talento y excéntrico. Pintaba y escribía. Justamente, a su lado, Carmen escribió sus libros. Incluso unos apuntes hechos a los diez años y presentados como la obra de una niña de notable precocidad pero en el que más que precocidad está la mano de Dr Atl. El resto de los libros de Mondragón han tenido tan escasos lectores que es raro encontrar a alguien que haya leído uno. Después de cinco años, se acabó su etapa literaria junto a Dr. Atl-Murillo y se separó. Con unos amantes en el período intermedio, mantuvo una relación con Matias Santoyo, el pintor y caricaturista. Imitándolo como pudo, hizo varios cuadros. Pero duró poco con él y continuó pasando el tiempo con sus amigos  militantes comunistas Frida Kahlo, Siqueiros, Rivera; y algunas actrices, como Dolores del Río. Por supuesto, nunca abandonó el hábito de cambiar amantes como de zapatos. Eran los años 20 y Mondragón llamaba la atención. Era lo que pretendía. Usaba polleras cortas, se vestía como las estrellas de Hollywood y, como  muchas de ellas, se fotografió desnuda con Edward Weston.

De amante en amante, llegó a Eugenio Auricino, un capitán de barco. Se enamoró y mantuvo con él una relación tranquila. Ya era una mujer de cuarenta años. Su cuerpo no era el mismo y esto debió angustiarla. Nada le importaba más que su cuerpo, usarlo sexualmente y mostrarlo satisfaciendo su exhibicionismo. Tuvo mala suerte en su nuevo amorío: el capitán se murió en el mar. Mondragón-Ollin, sea por  el amor destruido o por su mente que comenzaba a desvariar, desapareció de toda acción pública. De allí en más, que se sepa, no hizo más que enseñar en la escuela primaria, encerrarse en la casa heredada con decenas de gatos, y vivir como una pordiosera. Cuando se murió, la mayoría no tenía idea de quién era ella. Pero a Adriana Malvido se le ocurrió escribir una novela sobre ella. El personaje le servía porque estaba al tono con la moda literaria de contar biografías de mujeres independientes, talentosas y transgresoras. Se supone que vio en Mondragón-Ollin a otro modelo de la mujer moderna que lucha por sus derechos.

Con poco o casi nada, Carmen-Nahui se convirtió en poco menos que una leyenda. Y puesta al lado de reales talentos, como Frida Kahlo. Es lo extraño. Carmen Mondragón pintó cuadros de escaso valor artístico, escribió libros prácticamente desconocidos, a los que su propia biógrafa juzgó como infantiles, y alguno de los contados lectores como pobres de talento. Carmen-Nahui siempre dependió del dinero de su familia y de los hombres que la mantuvieron. Cuando se quedó sin hombres, vivió en la miseria. Escapó de todo hecho social en el que pudo haberse comprometido. No parece haber realizado nada importante a nivel social y, seguramente, nada que valga la pena a nivel artístico. Pero se fotografió desnuda y aceptó ser un objeto sexual. El ideario del feminismo que lucha con fuerza para lograr derechos para la mujer y para evitar que la mujer sea considerada nada más que por su aspecto físico y tratada como un objeto sexual, encuentra en Carmen Mondragón-Nahui Ollin, exactamente, lo contrario de lo que pregona. Los que hablan de esta mujer poco y nada dicen de su obra pero no escatiman palabras para hablar de sus ojos verdes, su pelo, su cuerpo, su erotismo. ¿Esta mujer habría conseguido que alguien hablara de ella si hubiera sido fea?

Carmen Mondragón-Nahui Ollin (1893-1978), mexicana. Escribió “A los diez años sobre mi pupitre”; “Cariñosamente estoy adentro”; “Nahui Ollin”; “Energía cósmica”; y “Óptica cerebral”, todos entre 1922 y 1927.

Las pinturas, en orden descendente: Mondragón por Edward Weston; “Pulque”, pintado por Mondragón; “Caserío frente al mar”. Las fotos:  Mondragón por Edward Weston.

MARÍA MAGDALENA LA SANTA DESNUDA

No existe un solo versículo del Nuevo Testamento en que se diga que María Magdalena es prostituta o que ella sea la mujer adúltera. Pero es la mujer más veces mencionada en el Nuevo Testamento. Incluso mucho más que la virgen María. Todas las veces que se la nombra se hace alusión a su proximidad y familiaridad con Jesús. También a su posición de privilegio por el trato que Jesús tiene con ella, poniéndola por encima de todos sus seguidores.

María Magdalena no es una prostituta ni una adúltera sino una mujer de las clases altas judías, como lo eran todas las seguidoras de Jesús. María Magdalena (la de Magdala) era una mujer instruida, sabía leer y escribir. Esto la convertía en un caso de excepción. En Judea, las mujeres tenían prohibido aprender a leer y escribir. En Galilea, de donde proviene María Magdalena, había cierta flexibilidad. Pero, seguramente, no con los pobres. En todas partes,  la educación, lo mejor de ella, siempre es propiedad de las clases acomodadas. En Palestina, en tiempos de Jesús, alguien que quisiera aprender el alfabeto debía ser hombre o una mujer perteneciente a una familia influyente y de un amplio criterio para permitírselo. Además y necesariamente,  la mujer debía de tener una fuerte personalidad para imponerse a su entorno represor.

María Magdalena es la más persona más cercana a Jesús. Su discípulo más amado, la que está con él en la crucifixión y la primera a la que se le aparece Cristo después de resucitar. Es la posible autora de dos evangelios, el que lleva su nombre y el que se acredita a San Juan. Méritos suficientes como para que la iglesia la eleve a santa pero, en este caso, haciendo una salvedad que nace de la calumnia: ella es una prostituta que debe redimirse haciendo penitencia. Los pintores la retratan en ese momento de la penitencia. Pero, ¿por qué pintarla desnuda?

María Magdalena es la primera mujer de la historia que ocupa un lugar de importancia. Existen suficientes datos como para considerarla la principal discípulo de Jesús y el haber cumplido un papel mucho más activo que cualquiera de los apóstoles. Sin embargo, no se la muestra como una mujer capaz e independiente sino como a una pecadora que debe redimirse.

El papel de la mujer en la sociedad y el modo en que es considerada desde el catolicismo, encuentra en María Magdalena a su símbolo más perfecto. Los cuadros de desnudos sobre ella son una exacta metáfora de la posición social de la mujer a lo largo de la historia. La mujer debe ser subestimada, puesta en posiciones subalternas. No hay ninguna otra santa tantas veces retratada. Y ninguna otra es desnudada con tanta frecuencia. La mirada de la iglesia está sobre el cuerpo desnudo de María Magdalena. La desnudez con la que se la denigra. María Magdalena, el objeto sexual.  Una historia del arte lleno de los desnudos de María Magdalena pero sin desnudos de San Pedro, San Agustín o Santo Tomás.

Los cuadros, en orden descendente: Francesco Hayez; Giovanni Balducci; Giampetino o Leonardo (se le acredita a uno y otro); Jules Lefevre; Tiziano; Correggio; Felipe Fichereli; Gerristz Bleker; Francisco Venegas; Pompeo Batoni; Wladislaw Nerevicius; Jan Massys.