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En los comienzos de1850, en Estados Unidos, Walt Whitman publicaba “Hojas de Hierba” y vendía diez ejemplares de su primera edición,  Herman Melville, “Moby Dick”, Nathaniel Hawthorne “La letra escarlata”, Henry Thoreau “Walden o la vida en  los bosques”. Ninguno de ellos tuvo el suceso ni provocó un efecto tan inmediato y trascendente como un libro sin grandes méritos literarios escrito por una mujer: Harriet Beecher Stowe. El libro: “La Cabaña del Tío Tom”. Las ventas: diez mil ejemplares en una semana y más de trescientos mil en el primer año.  Después de la Biblia, “La Cabaña del tío Tom” fue el libro más vendido del siglo XIX. Su tema central: la esclavitud.

Cuando el libro apareció, Estados Unidos se encontraba en los inicios de un conflicto que se desencadenaría en la década siguiente. Los estados del norte, industrialistas y abolicionistas y los estados sureños, agrícolas y esclavistas. Se debatía un modelo de país. El Sur necesitaba de los esclavos para tener mano de obra económica en el cultivo del algodón. El Norte, la libertad de los esclavos para incorporarlos al nuevo sistema industrial en el que se necesitaba crear una clase obrera que gastara en el mercado lo que ganaba en las fábricas. Ni unos ni otros tenían ningún ideal humanitario. Era una cuestión económica. Pero, los intereses económicos del Norte coincidían con el ideal de libertad mientras que los del Sur chocaban contra él. “La Cabaña del Tío Tom” aparece en el contexto de esta discusión. Sin embargo, Stowe no está motivada por razones políticas ni económicas. Es una cristiana, hija de un pastor, casada con un pastor viudo, que realmente cree en la igualdad y en imponer la piedad entre los hombres. Su novela provocará más polémicas y transformará en abolicionistas a cientos de miles de lectores. Una obra de ficción que logró lo que no consiguieron ni los pasquines políticos ni los libros políticos y filosóficos que trataron el tema de la esclavitud. Años después, Lincoln, al conocer a la escritora le dijo: “Así que es usted la responsable de iniciar esta gran guerra”. 

Harriet Elizabeth Beecher Stowe vivía en Connecticut y no conocía el Sur, apenas había hecho una corta visita en el estado de Kentucky. Pero su padre era un abolicionista y su sirvienta le contó historias de los esclavos. Harriet era ama de casa, madre y escribía para conseguir un poco más de dinero para la familia. Su nombre como escritora ya era un poco conocido cuando comenzó a publicarse en el National Era, un periódico abolicionista, la historia de Tom. Un año después, sería editado el libro. Las repercusiones fueron extraordinarias. Los lectores del Norte se mostraban horrorizados ante las atrocidades que se cometían en el Sur con los esclavos negros. Los lectores del Sur aseguraban que todo era una mentira ideada por la mente enferma de una mujer. Como respuesta a las acusaciones de falsedad, Beecher Stowe escribió, en 1853, una obra: “Claves para la Cabaña del Tío Tom”, en la que reunió una enorme cantidad de artículos periodísticos y de denuncias sobre casos reales que mostraban la injusticia y la crueldad que se ejercía sobre los esclavos. Lo que contaba ahora superaba en mucho su relato de ficción. Desde entonces, nadie pudo poner en duda la forma en que los autoproclamados “caballeros del Sur” usaban sexualmente a las mujeres negras, cómo castigaban a latigazos a los indisciplinados, y las condiciones infrahumanas en las que vivían los negros. Algo por completo diferente a los comprensivos y generosos amos blancos y a los juiciosos esclavos negros que presentará, en el siglo siguiente, Margaret Mitchel con su novela rosa “Lo que el viento se llevó”.

“La Cabaña del Tío Tom” dio paso a una industria que se formó a su alrededor: juguetes, estatuas, pañuelos, vajillas, con las imágenes de los personajes se vendieron por miles. El episodio en que Eliza se fuga con su hijo en brazos para alcanzar territorio libre y debe cruzar el río Ohio se convirtió en una escena esencial del teatro estadounidense, cuando se dramatizó el libro en los “Tom Show” que recorrieron los estados norteños. Eliza con su hijo en brazos provocó más llanto que todo lo que había producido la ficción hasta entonces. Muchos estuvieron de acuerdo en que Beecher Stowe había sido la promotora del triunfo de Lincoln.

Pocos libros han significado tanto en la historia de los países como “La Cabaña del Tío Tom”. Mucho menos llegar a convertirse en un fenómeno social. Esto es lo que fue ese melodrama en el que una señora ama de casa y escritora en su tiempo libre contó la historia de unos negros esclavos llamados Tom, Eliza, Eva, George, Chloe, Emmeline y Topsy. Un libro sin mucho valor literario pero con un inmenso valor social siendo uno de los más formidables arietes para derribar la esclavitud y combatir la injusticia y la crueldad que constituyen cualquier forma de racismo.

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