LIZZIE SIDDAL, UNA MODELO

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Cuando Elizabeth Eleonor Siddal nació, en 1829, su padre tenía un negocio en un aceptable barrio de Londres. Luego, se mudaron a otro no tan conveniente, en el que nacieron sus cinco hermanos.

“Lizzie” sabía leer y escribir pero nadie sabe si fue alguna vez a la escuela. Mientras trabajaba en el negocio de su padre, en una hoja del periódico que usaban para envolver encontró un poema de Tennyson. De esta manera, descubrió la poesía y se convirtió en poeta.

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Antes de cumplir los veinte años, Lizzie comenzó a trabajar en una sombrerería. Para ganar algo más de dinero, posó para artistas. Eran los años en que se había formado la Hermandad Prerrafaelita, un grupo  encabezado por el pintor y poeta Dante Gabriel Rossett, John Everett Millais y William Holmes Hunt.  La Hermandad se oponía al academicismo y pregonaba una forma de pintura en la que predominara el detallismo, la luminosidad y el colorido de los artistas italianos y flamencos previos a Rafael. El movimiento duró poco tiempo, menos de cinco años, pero tuvo una enorme influencia en el arte inglés hasta fines del siglo XIX. De estos pintores, Lizzie fue una de sus modelos preferidas y una de sus principales musas.

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Uno de los cuadros más famosos del prerrafaelismo es “Ofelia”, pintado por John Everett Millais. La mujer que la representa es Lizzie. Se metió en una bañadera llena de agua. El agua era calentada con lámparas de querosén colocadas debajo y alrededor. Pero el agua se enfrío. Lizzie no se movió. El cuadro fue pintado y ella quedó inmortalizada como Ofelia ahogándose. Pero se enfermó seriamente de neumonía y pasó muchos días en cama. No hay dudas que era una chica que sabía hacer su trabajo y, sobre todo, que no era la clase de persona capaz de interrumpir la inspiración de un artista.

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Dante Gabriel Rossetti conoció a Lizzie en 1849 mientras ella posaba para Walter Deverell. Se enamoró de ella tanto como ella de él. Y así iniciaron unas de las relaciones amorosas más intensas y peculiares del siglo.

Lizzie fue pintada por Rossetti en incontable cantidad de cuadros. Fue su modelo y su musa durante muchos años. Junto a él, Lizzie mejoró sus poemas y realizó dibujos y bocetos. Rossetti, como otros artistas, dejaron de ver a Lizzie como una mujer. La idealizaron poniéndola en un nivel muy elevado. Su indudable belleza, de rostro pálido y cabellos cobrizos, fue, aún, más enriquecida por la mirada de Rossetti.

Mientras, entre los marcos de los cuadros, se veía a una mujer que parecía no ser de este mundo, en el mundo cotidiano, Lizzie era una depresiva y drogadicta. Tanto como Rossetti era drogadicto y alcohólico.

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La salud de Lizzie se deterioró. Era frágil y su adicción al láudano y otras drogas, además de una probable anorexia, la destrozaron. Los amigos de Rossetti comenzaron a echarle en cara que no regularizara su relación. El motivo era que Lizzie era hija de padres trabajadores y la familia de Rossetti, de una clase social elevada, no la aprobaba. Después de engañarla con otras mujeres y buscar en vano una musa que la sustituyera, y de conseguir con esto que la depresión, la enfermedad y la drogadicción de Lizzie aumentara, le propuso casamiento.

Se casaron en 1860, en Hastings. Lejos de la familia Rossetti. A la boda no asistió nadie. Solamente dos testigos. Era el deseo del novio. Como fuera, se habían casado y, un año después, Lizzie quedó embarazada. Eso la hizo muy feliz. Pero la niña nació muerta. Ella quedó gravemente deprimida. Sin embargo, a fines de 1861, quedó, otra vez embarazada. Se sintió mejor y recuperó el optimismo. Le duró muy poco. Perdió al niño. Lizzie se suicidó.

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A la muerte de Lizzie, Rossetti enterró con ella sus poemas. Ante la insistencia de sus amistades, los desenterró en 1880. La crítica lo destrozó acusándolo de un bajo erotismo. Era la época victoriana y quedaba bien horrorizarse en público ante unos versos con alusiones al sexo mientras, en privado, abundaban los amantes y los prostíbulos.

Dante Rossetti penó hondamente la muerte de su esposa. Tomó más alcohol y drogas. Se acrecentaron sus fobias, sus manías y los problemas mentales con los que cargó toda la vida. Pero Rossetti no era hombre de amar realmente. Amaba lo que idealizaba, lo que no existía. Así que no demoró en encontrar nuevas amantes y musas en Fanny Comforth. Jane Burden, Jane Morris, idealizada como Perséfone y, sobre todo, Alexa Wilding, el rostro de Lady Lilith. 

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Elizabeth Sidall (una “l” fue eliminada por Rossetti) nació en Londres en 1829; murió a los 32 años, en 1862. Fue modelo, poeta, dibujante, pintora.

Dante Gabriel Rossetti (1828-1882), inglés. Fue un importante poeta y un pintor influyente.

Los retratos (en orden descendente): Retrato de Elizabeth Sidal por Dante Gabriel Rossetti; Los amantes por Dante Gabriel Rossetti; Ofelia por John Everett Millais; Ecce ancilla domini por Dante Gabriel Rossetti; Santa Catalina por Dante Gabriel Rossetti; Beata Beatrix por Dante Gabriel Rossetti: La reina de corazones por Dante Rossetti

ELLIS RULEY

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Joshua Ruley era un negro esclavo que consiguió escaparse a Connecticut. Conoció a Eudora Robinson, que también había sido esclava y que tenía varios hijos. Se casó con ella y formaron una familia numerosa con los hijos que nacieron del matrimonio. Una de esos hijos era Ellis Walter Ruley. Cuando nació, el 3 de diciembre de 1882, nadie imaginó que iba a tener una vida muy particular.

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Ellis estudió en la escuela pública y tuvo algunos trabajos ocasionales hasta que decidió seguir los pasos de su padre y se hizo obrero de la construcción. Cuando se acercaba a los cuarenta años, se casó con Ida Bee y tuvo con ella a su única hija, Marion. La pareja duró poco. Se separó en 1925. Cuatro años después, a Ellis lo atropelló un coche. Como el accidente estaba relacionado con su trabajo y, en apariencia, él había sufrido lesiones serias, recibió una indemnización de 25.000 dólares. Una cifra importante en la época. Ellis se compró un Chevrolet verde y unas cuantas hectáreas de tierra en Hills Laurel, un sector de Norwich propio de blancos. Si su presencia resultó un poco molesta, el asunto se agravó al casarse por segunda vez. Ellis eligió a una mujer blanca y alemana, Wilhelmina “Tootsie” Fox,

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Ellis se aburría un poco y, teniendo tiempo libre ya que se dedicaba a hacer nada desde el accidente, decidió pintar. No sabía nada de técnicas, así que comenzó pintando con pintura de pared. Luego, sus conocimientos mejoraron y utilizó óleos para hacer cuadros de brillantes colores. En su vida le iba bastante bien, considerando que era negro en los Estados Unidos de la primera mitad del siglo veinte. Pero ocurrió algo inesperado. Su yerno, Douglas Harris, un tipo alto y corpulento, se cayó a un pozo del campo de Ellis. El pozo siempre había estado ahí y Douglas lo conocía de memoria. Sin embargo, según la policía y el juez, la cabeza se la había partido en tres por efecto de la caída. No tomaron en cuenta que el Ku Klux Klan tenía más de mil integrantes en la zona y, seguramente, no estarían muy de acuerdo con un negro casado con una rubia alemana y que andaba pavoneándose en un Chevrolet verde. Como fuera, Ellis no se movió del lugar y siguió pintando. Incluso a tiempo completo y poniendo las pinturas en los armarios y bajo la cama.

ellis-ruley-bandidos-sobre-escritos-y-pinturas-juan-carlos-boveriEllis siempre pintó de forma intuitiva pero lo hizo con toda su pasión. Fue una pena que no quisiera mudarse. En 1959, lo encontraron tirado en el camino de entrada de su casa. Tenía la cabeza rajada. Como era habitual cuando un negro era asesinado, el juez y la policía concluyeron que fue un accidente. Al mes siguiente, la casa de Ellis fue quemada y su hija internada en un hospital psiquiátrico donde le hicieron una lobotomía sin que nadie lo autorizara.

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Ellis Ruley, mientras vivió, vendió sus cuadros en los puestos de los mercados de pulgas a unos 15 dólares cada uno. Nadie supo demasiado de su trabajo como artista. Más de treinta años después, a comienzos de los años 90, los coleccionistas lo descubrieron y del completo olvido, sin la menor idea de la perspectiva ni de técnicas, solamente con lo que consigue transmitir,  pasó a ser uno de los pintores estadounidenses elevado a ocupar un lugar en los museos.

Ellis Ruley (1882-1959), estadounidense. Las obras, en orden descendente: “Piscina”; “Accidente”; “Tiempo de la cosecha de frutas”; “Bandidos”, “Adán y Eva”.

LAS PROSTITUTAS DE BELLOCQ

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Un viejo un poco gordo se cae de las escaleras que llevan a su departamento del barrio francés, en Nueva Orleans. Se golpea la cabeza y debe ser internado. En el hospital comprueban que tiene varias enfermedades y una fuerte confusión. Resulta difícil llegar a conocer su nombre: Ernest James Bellocq o EJ Bellocq, como se lo conocerá después. Tiene setenta y seis años y un hermano jesuita No es un pobre. Por el contrario, su familia ha tenido bastante dinero. Pero a él lo que más le ha importado es sacar fotografías. Ha tomado unas cuantas de paisajes urbanos y de personas que quieren ser retratadas. Pero lo que realmente le interesa y le obsesiona fotografiar permanece en secreto. Cuando Bellocq muere, al poco tiempo de su caída de la escalera, las fotos que sacó quedan guardadas sin que se les preste demasiada atención. Son fotografías de mujeres de Storyville, el barrio rojo de la ciudad. Fotografías de prostitutas. Fotos tomadas en los comienzos del siglo XX. Los negativos son descubiertos más de diez años después de la muerte de Bellocq por el fotógrafo Lee Friedlander. Recién entonces, se sabe que el viejo gordo que se cayó de las escaleras es uno de los artistas fotógrafos más importantes del siglo.

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Untitled (Seated Nude with Mask)

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ej-bellocq-prostituta-recostada-sobre-escritos-y-pinturas-juan-carlos-boveriEl artista. Ernest James Bellocq-Las fotografías: De la serie “Retratos de Storyville” y de Museo de Milwaukee. Todas las fotografías sin título. Los títulos que se les suele dar son alternativos.

LA MODELO DE MANET

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edouard-manet-el-almuerzo-sobre-la-hierba-sobre-escritos-y-pinturas-juan-carlos-boveriÉdouard Manet pertenecía a una familia de clase alta y con influencia política. Desestimando el futuro social que su familia pretendía para él, se hizo pintor. Sin duda que era su destino. Se convirtió en uno de los mejores y en uno de los artistas más famosos y cotizados del mundo. Manet tenía treinta y un años cuando pintó “El almuerzo en la hierba” (“Le déjeuner sur l´Herbe”, que suele ser mal traducido como “El desayuno en la hierba”, y que originalmente se llamó “El baño“). La obra muestra un paisaje campestre en el que, al fondo, una mujer en traje de baño se encuentra inclinada en un arroyo; cerca de ella, una lancha. En primer plano, una canasta, un mantel, servilletas, comida, dos hombres, vestidos con cierta elegancia, y, en medio de ellos, una mujer desnuda. El hombre de la derecha es Gustave Manet, hermano de Édouard; el de la izquierda,  su cuñado, el escultor holandés Ferdinand Leenhoff. La mujer en traje de baño es la esposa de Manet, la pianista Suzanne Leenhoff. La mujer desnuda es la modelo y pintora Victorine Meurent. Sin embargo, la mujer desnuda no es totalmente Victorine. Sólo su cara. El cuerpo es el de Suzanne Leenhoff. Curiosamente, Édouard Manet ideó una mujer combinando a su esposa con su amante y modelo preferida.

edouard-manet-olympia-sobre-escritos-y-pinturas-juan-carlos-boveriVictorine era hija de un artesano y una modista. No había demasiado dinero para ser mantenida por sus padres. De modo que comenzó a ganarse la vida por sí sola desde los dieciséis años. Trabajó como modelo y cantando en la calle y en los cafés. Era baja de estatura, de cabellos rojizos y un cuerpo pequeño y atractivo. Posó para Thomas Couture, Degas, Toulousse-Lautrec, Alfred Stevens, de la que fue amante. Manet la inmortalizaría en dos de sus obras más notorias, “El Almuerzo en la Hierba” y “Olympia”, en el que aparece como una prostituta. La orquídea en el pelo, los aros y la pulsera, el manto oriental, el lazo negro en el cuello, el calzado de interior, el gato, la mirada de Victorine, todo está dispuesto para exaltar la poderosa sensualidad de la escena en la que el cuerpo blanco y desnudo de Victorine se contrapone a la piel negra de la empleada que lleva las flores.

edouard-manet-estacion-zan-lazaro-o-el-ferrocarril-sobre-escritos-y-pinturas-juan-carlos-boveriDespués de modelar en 1873 para “La Estación de San Lázaro” (o “El ferrocarril”), se alejó de Manet, cortando la relación amorosa y profesional. Pero Victorine no era solamente una modelo y una ocasional cantante y violinista de la calle y cafés, también era una pintora. Realizó varias exposiciones en el Salón de París. La primera de seis fue en 1876, tres años después de separarse de Manet. El jurado de ese año rechazó las presentaciones de Manet. Sin él, Victorine continuó con su vida intensa, modelando para sostenerse económicamente y manteniendo amoríos con pintores y mujeres del teatro y la vida nocturna. Pasados los sesenta años, se fue de París a Colombes, donde compró una casa y vivió hasta el último de sus días con su pareja, Marie Dufour. Todos sus cuadros se perdieron excepto uno: “Día de ramos”.

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Victorine Louise Meurent (1844-1927), francesa. Las obras, en orden descendente: “El almuerzo en la Hierba” (modelo desnudo, rostro de Victorine Meurent); “Olympia” (modelo: Victorine Meurent); “La estación San Lázaro” o “El ferrocarril” (modelo: Victorine Meurent); “Día de ramos” (realizado por Victorine Meurent).

MARY WOLLSTONECRAFT

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A los treinta y tres años, en 1792, a Mary Wollstonecraft se le ocurrió escribir “Vindicación de los derechos de la mujer” y dijo algunas cosas interesantes. Mary afirmó todo lo contrario a las ideas dominantes sostenidas por filósofos y educadores en relación a la mujer. Ellos, dueños de la ciencia y del poder del pensamiento de las clases cultas, establecieron, con absoluta certeza, que la mujer era incapaz de pensamientos racionales o abstractos, por lo tanto, resultaba imposible que recibiera una educación similar a la de un hombre. Jean Jacques Rousseau aseguró que las mujeres no necesitaban educarse en forma racional y que todo lo que debían aprender era a satisfacer el placer de los hombres. Mary, yendo en contra de las ideas de los grandes pensadores de su tiempo, dijo que si se consideraba a las mujeres incapaces de pensamientos racionales no era porque fueran incapaces de tenerlos sino porque los hombres se negaban a educarlas, rebajándolas al nivel de juguetes o perritos de compañía. Agregó que los hombres debían ser frívolos para tener ideas como esas sobre las mujeres. Mary fue categórica al decir que era imprescindible que la mujer se insertara en la sociedad en igualdad de conocimientos que los hombres ya que, de no recibir la educación apropiada, el conocimiento y la virtud detendrían su progreso. Un par de años antes, en 1790, ella había publicado “Vindicación de los derechos de los hombres“, una respuesta a las ideas de Edmund Burke sobre la Revolución Francesa. Burke, un irlandés considerado el pensador fundamental del liberalismo conservador británico, argumentó en contra de los revolucionarios franceses y reflexionó sobre la debilidad de la mujer y el sufrimiento de María Antonieta. Mary le contestó diciendo que, mientras él se preocupaba por el sufrimiento de María Antonieta, no le interesaba en absoluto el padecimiento de las mujeres muertas de hambre de las clases bajas francesas, a las que, por otra parte, despreciaba. Seis años después, en  “Mary”, una novela inconclusa, imaginó a una mujer encerrada por su marido en el manicomio sin otro fundamento que robarle el dinero.La Mary de la novela sufre humillaciones y penurias. Pero, lo más importante es su amistad con una de las enfermeras, Jemina. La enfermera ha tenido una vida dolorosa junto a su marido. Esto dará la oportunidad a Wollstonecraft de reflexionar y considerar similares los sufrimientos de todas las mujeres. De este modo, quizás, por primera vez en la historia, deja de lado los pensamientos clasistas de la desigualdad social para considerar a todas las mujeres como iguales por su propia condición de ser mujer. Pero Mary no solamente escribía libros. También se dedicaba a vivir en la realidad. Y lo hacía de un modo poco común entre las mujeres burguesas.

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El padre de Mary se gastó la plata de la familia. Para olvidarse del desastre empezó a emborracharse todos los días y a golpear a su mujer. Mary era una chica en edad adolescente y no le gustaba lo que le pasaba a su madre. Así que todas las veces que su padre llegaba borracho, ella corría y se acostaba frente a la puerta del dormitorio de su madre. No encontró una forma mejor de protegerla. Más adelante, su hermana Eliza la pasó mal junto a su marido. Mary tenía gran influencia sobre ella y la convenció de abandonar a su marido y su hijo recién nacido. Quizás, no fue el mejor de los consejos, sobre todo, considerando que Eliza fue repudiada socialmente. Pero era el modo de pensar de Mary. Y también el modo en que hacía las cosas: un tanto diferente al resto. Cuando se hizo amiga de Jane Arden, hija de un filósofo, pasaba gran parte de su tiempo con ella. Leían juntas y paseaban. Mary le envió una carta contándole que tenía ideas románticas sobre la amistad entre ellas. Con Fanny Blood, la más importante de sus amigas, quiso vivir con ella e incluso la ayudó económicamente. Al tiempo, se convenció de haberla idealizado. Fanny no era como ella y tenía valores propios de las mujeres de su época: se casó, seguramente, más por salir de las dificultades financieras que por amor pero no dejaba de ser una acción que desagradó a Mary. De todas maneras, Mary no la abandonó y estuvo junto a ella cuando se enfermó de gravedad. Estuvieron juntas en Portugal donde el clima podría mejorar a Fanny. No sirvió de mucho. Fanny murió y Mary se deprimió, lo que era usual en ella. Algunas veces, sus depresiones la llevaron a intentar suicidarse.

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Al morir su amiga, decidió regresar a Inglaterra. Tenía poco dinero y no encontró otro trabajo que el de institutriz. Le sirvió para inspirarse y escribir un libro de relatos infantiles. Sin embargo, estaba lejos de sentirse satisfecha, así que decidió hacerse escritora profesional. En los finales del siglo XVIII, era poco probable que una mujer pudiera sobrevivir con lo que ganara escribiendo. A Mary le pareció bien. Al menos, mucho mejor que realizar los trabajos permitidos a las mujeres por las costumbres sociales de su tiempo. Se radicó en Londres y se convirtió en la amante del pintor y escritor Henri Fuseli, que estaba casado con una de sus modelos Sofía Rawlins. Mary no demoró en tener una idea al respecto: le propuso a Sofía vivir los tres juntos. A Sofía no le pareció adecuado y se las ingenió para que Fuseli terminara con la historia amorosa. Desilusionada, Mary se fue a París. Llegó en un buen momento para una escritora: el de la Revolución Francesa. En medio de la convulsión social, mantuvo una intensa relación sentimental con el especulador comercial Gilbert Imlay. Antes de dedicarse a los negocios, Imlay había sido oficial en la lucha por la independencia de Estados Unidos y, terminada la guerra, escribió algunos libros que no aportaron mucho. A Mary, él la atraía sexualmente de una manera desconocida para ella. Incluso, quedó embarazada y tuvo a su hija Fanny Wollstonecraft, que llevó el apellido materno ya que la niña había nacido de una madre soltera. Imlay la abandonó antes del parto aunque le mandó cartas diciendo que volvería a su lado. Mientras tanto, Mary se quedó sola con su hija en medio de la revolución. Un país donde habían guillotinado a muchos de sus amigos y que se encontraba en guerra con Inglaterra no parecía ser un sitio cómodo para Mary. Ella lo entendió de este modo y viajó a Londres. Encontró a Imlay. Él la despreció y ella tomó láudano en grandes cantidades pero no consiguió suicidarse. La salvaron. Convencida de lo que debía hacer, persistió en su idea y saltó desde un puente al Támesis. No estaba destinada a morir por suicidio. Otra vez, fue salvada.  Luego, escribió sobre eso: “(…) No dejaré que lo que fue uno de los actos más calmados de mi razón sea considerado como producto de la desesperación. En cuanto a él, no tengo que rendir cuentas a nadie que no sea a mí misma. Si me preocupara lo que llaman reputación, serían otros actos de mi vida los que me deshonrarían”.

Portrait Mary Wollstonecraft Godwin

Como pudo, Mary siguió hacia adelante. Se hizo amiga de la actriz Sarah Siddons, de la escritora Elizabeth Simpson Inchbald, con la que se peleó públicamente, y, sobre todo, de Mary Hays, escritora y de ideas cercanas a las de Mary. En esta época, mantiene una relación amorosa con William Godwin, importante escritor y filósofo, utilitarista y defensor del anarquismo. Godwin se enamoró lo suficiente de ella como para casarse. Claro, ella aceptó pero se fueron a vivir en dos casas contiguas. Cada uno en la suya. De todos modos, el matrimonio no duró demasiado. Mary quedó embarazada y murió a causa del parto. A Godwin se le ocurrió que era homenajearla el escribir sobre las cosas que ella había hecho. Lo destruyeron considerándolo falto de toda caballerosidad y lo compararon con las mujeres chismosas.El libro de Godwin sirvió para conocer la vida de Mary, sus intentos de suicidio, sus amoríos, el ser madre soltera. También sirvió para hundirla en el olvido durante más de un siglo y medio. La sociedad inglesa la consideró una mujer carente de moral. Pero el mundo cambió y Mary pasó a ser considerada una figura de extraordinaria importancia dentro del pensamiento filosófico y del feminismo.

En cuanto a la niña que tuvo con Godwin, al hacerse mujer se enamoró de un notable poeta, que estaba casado y con el se fue a Francia, viajó por Europa, regresó a Inglaterra, y tuvo una hija que murió en forma prematura. La esposa del poeta se suicidó y la pareja de amantes fue condenada al ostracismo social. Al fin se casaron, fueron de viaje de un sitio a otro, perdieron otros hijos, y, mientras ella estaba embarazada del que sería el único hijo que permanecería vivo, Percy se ahogó en un naufragio. Para entonces, Mary Wollstonecraft Godwin había cambiado su nombre por el de Mary Shelley y había escrito Frankestein.

Mary Wollstonecraft (1759-1797), filósofa y narradora inglesa. Las pinturas, en orden descendente: Retrato de Mary Wollstonecraft, por John Opie; Retrato de Mary Wollstonecraft, por John Keenan; Retrato de Mary Woolstonecraft, por John Opie; Mary Woolstonecraft; grabado de James Heath, basado en el cuadro de John Opie.

KOEK-KOEK

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Una madrugada del año 1926, un policía detiene a un hombre en la Plaza Lavalle, de Buenos Aires. El hombre está alcoholizado y drogado con cocaína. Lo llevan al Hospicio de las Mercedes, un hospital psiquiátrico que cambiaría su nombre por el de Borda. El hombre se cree Napoleón y, mientras permanece internado, se convence que los médicos y enfermeros son sus mariscales de campo y ministros. Un amigo se entera de su estado y lo visita. Consigue que le provean algunos elementos que el hombre precisa para hacer lo que mejor hace: pintar. Con unos pinceles y unas pinturas, Stephen Koek-Koek pinta varios cuadros que le compran los médicos y enfermeros del manicomio.

Stephen Koek-Koek nace en Londres y es parte de una dinastía de pintores y marchands holandeses, entre los que estaba su probable padre. Por alguna razón, decide viajar y llegó al Perú. Más tarde, a Chile y, finalmente, Argentina. Por un tiempo, vive en Mendoza, se casa, tiene un hijo, y nada más se sabe del destino de su mujer y del niño. Koek-Koek aparece viviendo en Banfield con su amigo, el poeta colombiano Jorge Escobar Uribe, que firma como Claudio Alas. Un día, el poeta tiene la idea de matar al perro de Koek-Kopek. Le pega un tiro. Después, se suicida con un balazo en la sien.

Era habitual ver a Koek-Koek paseando por la entonces muy burguesa calle Florida usando sombrero y bastón. Pero solía vivir en hoteles y emplear maderas de cajones para pintar sobre ellos por carecer de dinero para comprar lienzos. Decide irse a Estados Unidos pero, en un viaje a Uruguay, se enamora de una mujer y se queda en Montevideo por ella. El romance termina al poco tiempo y Koek-Koek regresa a Buenos. Alquila un departamento en la calle Córdoba, se llena de deudas y debe hipotecar casi ciento sesenta cuadros a los que nunca recupera. Sin embargo, consigue ganar bastante dinero con su cuadro “Veleros en Sol de Mayo”. La obra se la encargaron para entregarla al príncipe de Gales, que al año siguiente visitaría el país. Pero Koek-Koek se olvidó del príncipe y la vendió a otro.

Va de un sitio a otro, consumiendo alcohol y drogas, y tratando de hacer otras cosas que pintar. Prueba escribir una obra de teatro pero nunca la termina. Viaje a Montevideo, luego a Valparaíso, en Chile. En una habitación de hotel, lo encuentran muerto. Es probable que fuera asesinado. El presidente Alessandri, que lo ha tratado como amigo, pretende iniciar una investigación. Todo queda en nada. Lo más conveniente es asegurar que se trató de un paro cardíaco.

Stephen Koek-Koek (1887-1934), inglés. Las obras, en orden descendente: fotografía de Stephen Koek-Koek – La procesión – Caminante – Pescadores – La congregación

LEE MILLER O EL CAMINO DE LO BANAL A BUCHENWALD

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Lee era la hija de un fotógrafo, Theodor, y algunas cosas aprendió de él. Pero, decidió trabajar como modelo y logró un rápido éxito. Sobre todo, al ser impulsada por Condé Nasta, el fundador de la revista Vogue. Era la década del 20 y Lee aprovechaba la vida. Tenía varios amantes, dinero y fama. Hasta que aceptó ser la modelo en una propaganda de Kotex, una marca de productos de higiene femenina. El mundo había cambiado bastante después de la primera guerra mundial. Pero no tanto. La publicidad fue un impacto en la sociedad estadounidense. ¿A quién se le podía ocurrir mostrar lo que usaban las mujeres para controlar la sangre menstrual? La carrera de Lee se hizo pedazos. Recién tenía 22 años y no se dejó vencer. Si Estados Unidos no la quería, habría otros lugares. Se fue a París a aprender fotografía con Man Ray.

Man Ray la rechazó como alumna. Pero la aceptó como amante. Lee fue su modelo y terminó siendo su asistente. Junto a Man Ray entró en el mundo de los surrealistas. Puso un estudio de fotografía y ella sacó la mayor parte de las fotos que encargaban a Man Ray para que él pudiera dedicarse a la pintura. En algún  rato libre trabajó como actriz en “La sangre de un poeta”, película dirigida por Jean Cocteau. Pero el destino la llevaba por otros caminos. En 1932, se separó de Man Ray y fue a Nueva York para trabajar como fotógrafa.

Tuvo exposiciones exitosas y un casamiento con Aziz Eloui Bey, con el que se fue a vivir a Egipto. Pasó un tiempo haciendo de esposa y sacando fotos no profesionales. Eso no era suficiente para ella, así que regresó a París.

En 1937, se convirtió en la amante de sir Roland Penrose, colleccionista de arte, mecenas de surrealistas, pintor, historiador y crítico. Un par de años después, comenzó la segunda guerra mundial y el trabajo profesional de Lee tomó un rumbo inesperado. De fotógrafa surrealista se convirtió en una integrante del Cuerpo de Corresponsales de Guerra de Londres y en fotoperiodista de Vogue.

Durante los seis años de la guerra, Lee recorrerá los sitios en los que la guerra ha hecho estragos. De modelo de revistas de moda, musa inspiradora de artistas y fotógrafa distanciada de la realidad, fotografiará a Londres bombardeada por los nazis y entrará a los campos de concentración. Lee y Margaret Bourke White serán las dos únicas corresponsales de guerra mujeres que tendrán acceso a Buchenwald.

Con el fin de la guerra, ya divorciada, se casó embarazada con Penrose. Tuvo un hijo y problemas psíquicos serios. La guerra la golpeó. También el alcohol, las drogas y la infidelidad de su marido con una trapecista. Tuvo graves trastornos depresivos. Pero los fue superando mientras se quedó para siempre en Farley Farm House, la casa que su marido compró en el este de Sussex,  donde no hizo otra cosa que aceptar ser llamada lady Penrose. envejecer y morir, casi ignorada, a los setenta años.

Elizabeth “Lee” Miller (1907-1977), fotógrafa estadounidense. Las fotografías, en orden descendente: Lee Miller (modelo de revista de modas); Lee Miller (modelo de revista de modas); Lee Miller fotografiada por Man Ray; Lee Miller (fotografía a la actriz alemana Lilian Harvey); Lee Miller en Buchenwald; Lee Miller en Buchenwald.

KIKI DE MONTPARNASSE

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Alice Prin fue criada por su abuela en un pueblo francés, en los comienzos del siglo veinte. No conoció a su padre y su madre estaba en París ganándose la vida. Su abuela, que vivía en la pobreza extrema, terminó por mandarla con la madre. Alice consiguió trabajo en algunos comercios. Un día se le ocurrió posar desnuda para escultores. Tenía catorce años. Su madre la echó de la casa por considerarla una prostituta. Pero ella se las arregló para sobrevivir y comenzar a convertirse en Kiki de Montparnasse.

Kiki se convirtió en un nombre popular en Montparnasse. Ella posaba y cantaba canciones de contenido sexual en teatros de baja calidad. Pero su fama se extendió. Pasó a convertirse en la modelo más popular y en la musa inspiradora de una enorme cantidad de artistas. Por supuesto, mantuvo relaciones con la mayoría de ellos. Pero tuvo una pareja estable durante algunos años de la década del veinte: el fotógrafo, escultor y pintor dadaísta-surrealista Man Ray. Con ella como modelo, Man Ray logró varias de sus mejores obras maestras fotográficas.

Entre el fin de la primera guerra mundial y el comienzode la segunda, Kiki se transformó en un símbolo de la bohemia. Ella era “La Reina de Montparnasse”. Estaba en sus años de oro y aprovechaba para vivir con intensidad. Siguiendo los pasos de Suzanne Valadon, pintó cuadros expresionistas sin mucho conocimiento de la técnica ni la luz pero que despertaron interés por que ella, casi un mito viviente, era la autora. Compró un cabaret, “Chez Kiki, y, a los veintiocho años, en 1929, publicó su autobiografía,  “Memorias de Kiki”. Ernst Hemingway hizo la presentación. En Estados Unidos, el libro fue prohibido por pornográfico. No le importó demasiado.  De todos modos, alzaba los brazos y tocaba el cielo.

Cuando los alemanes invadieron Francia, Kiki se fue de París. No le gustaban los nazis. Por lo que pasaría con ella no se preocupaba. Era una optimista. “Me arreglo con un poco de pan, cebolla y vino. Eso es suficiente. Y estoy segura de que siempre voy a encontrar a alguien que me los ofrezca”, dijo. Era su manera de definirse y de definir, a través de sí, la vida bohemia de Montparnasse.

Cuando la guerra acabó, Kiki regresó a París. Nada estaba igual. Ella tampoco. Las drogas y el alcohol la habían destrozado. La mujer que quedaría inmortalizada en centenares de obras de arte a las que sirvió de modelo había dejado de existir. Una sombra de ella recorría las mesas de los cafés cantando y pidiendo unas monedas, siempre en Montparnasse, que, como ella, era una sombra de lo que fue.

A los cincuenta y un años, en 1953,  Alice Prin o Kiki de Montparnasse murió. Una multitud fue a su entierro. La revista Life le dedicó tres páginas a su obituario. Ella representó a un modelo de mujer: independiente, seductora, sin prejuicios. Y un tipo de vida irrepetible: el de la bohemia del Montparnasse de entreguerras.  Kiki fue otro de los símbolos del siglo veinte, de formas de ser y de vivir que han desaparecido para siempre.

Lo que Kiki pintó:

Alice Prin-Kiki de Montparnasse (1901-1953), francesa. La obras, en orden descendente: Julián Mandel: “Kiki de Montparnasse”, Man Ray: “Negro y blanco”; Man Ray: “El violín de Ingres”; Kees van Dongen: “Amapola de maíz”; Möses Kisling: “Retrato de Alice Prin” o “La mujer de rojo”; Sava Sumanovic: “La mañana”. De Alice Prin: “Mujer en la cama”; “Autorretrato”; “Equilibrista”“Puesto de flores; ; “Paisaje con vaqueras”.

DORA CARRINGTON

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Dora Carrington se mató a los treinta y ocho años. Pidió una pistola prestada y se pegó un tiro. Dos meses antes, había muerto de cáncer el hombre más importante de su vida: Lytton Strachey. Era una relación amorosa distinta: Strachey era homosexual. Carrington concebía el amor entre un hombre y una mujer como algo que va más allá de lo sexual. No le faltaba razón. Tampoco temía experimentar con el sexo. Muchos hombres se enamoraron de ella pero Carrington estaba lejos de ser una mujer común. Había tenido relaciones sexuales con mujeres y con algunos hombres, en especial, intelectuales ligados al Círculo de Bloomsbury, como Gerarld Brenan. Pero nunca se enamoró realmente. Hasta conocer a Lytton.

Dora tenía una personalidad singular y lo mostraba en su vestimenta de ropas masculinas y en su corte de pelo estilo paje. Pintaba pero no mostraba demasiado su obra.  En 1916, conoció a Strachey. Él pertenecía al Círculo de Bloombury. Ella nunca fue un miembro aunque era amiga de muchos que lo formaban. Tal vez se debiera a que Virginia Woolf la consideraba algo extraña. Es posible que Virginia tuviera razón. Sin duda que Carrington no era una chica del montón. Al año siguiente de ser presentada a Strachey se fue a vivir con él. Ambos mantuvieron su independencia sexual. Carrington relacionándose con mujeres y Strachey con hombres. El problema surgió al aparecer Ralph Partridge. A partir de entonces se creó una situación poco frecuente. Strachey se enamoró de Partridge y Partridge de Carrington o de los dos. La solución fue que Carrington se casó con Partridge y los tres fueron a vivir juntos en una nueva casa.

En 1932, Strachey murió de cáncer. Carrington no demoró mucho en intentar suicidarse. Se encerró en el garaje con el motor del auto encendido. Fracasó porque Partridge la salvó. Para no cometer un nuevo error, buscó un instrumento definitivo: pidió una pistola prestada y se pegó el tiro. El arma pertenecía al aristócrata Bryan Guinnes. Es curioso que le prestara una pistola a una mujer que había querido suicidarse. Tal vez, le parecía adecuado que Carrington se suicidara. Lo que lo convertiría en un hombre de ideas profundas. O, es probable, creyera que la emplearía para matar a Patridge y le pareció divertido. De todos modos, una vez muerta Carrington, Partridge no se suicidó por ella. A las dos semanas, se mudó a la casa de su amante Frances Marshall, otra integrante del Círculo de Bloombury, con la que se casó a los pocos meses.

Carrington pareció seguir el modelo de Vanessa Bell, la hermana de Virginia Woolf. Vanessa se casó con Clive Bell y mantuvo, al mismo tiempo, relaciones con el ambiguo homosexual y pintor Duncan Grant, con el que tuvo una hija a la que el señor Bell crió como propia. Vanessa y su marido tenían relaciones muy abiertas. Cada uno de ellos tenía sus amantes. Vanessa, una de las integrantes de la élite del Círculo de Bloombury, practicaba tanto las relaciones heterosexuales como las lésbicas. Esta clase de relaciones practicadas por Carrington y Vanessa, casarse y tener amantes homosexuales aceptados o compartidos con el marido, pueden ser consideradas como un efecto de una absoluta libertad de pensamiento y de libertad sexual pregonadas desde el Círculo de Bloombury, en medio de la época victoriana. O producidas por el esnobismo al que es proclive la clase alta de cualquier nación. Si la muy buena pintora Vanessa Bell influyó con sus actos en la pintora Carrington hasta convertirse en un modelo de vida a seguir, no es trascendente para el arte. Lo que importa en el arte son las obras que se realizan.

Una obra de arte se defiende sola. Su mérito está en lo que es. No en lo que es su autor. De Carrington se habla más de su vida que de lo que pintó. Con Strachey es algo similar. Lytton Strachey fue un escritor mediocre y un biógrafo aceptable. No más que eso. ¿Y Carrington? ¿Es una artista de talento o solamente es una mujer lesbiana, que se fotografiaba desnuda, y que se enamoró de un homosexual y se suicidó por él? Esos cuadros que pintó, de haber sido hechos por un ama de casa, con dos hijos y un marido carpintero con el que pasó toda la vida sin hacer otra cosa que ir al cine, ¿serían tomados en cuenta? ¿Ocurre con Carrington lo mismo que con otros artistas con obras sobrevaloradas por los mitos construidos sobre sus vidas, que se anteponen y sobreponen a sus méritos artísticos?

Dora Carrington tuvo una existencia interesante y trágica. Nada de lo que vivió se trasluce en sus pinturas. Es posible o seguro, que Carrington no alcance el nivel artístico de Vanessa Bell ni de británicas como Dame Laura Knight  o Christine Robertson. Sus pinturas carecen de innovaciones y no hay entre ellas ninguna que parezca una obra maestra. Además, Carrington, que tuvo en vida la modestia de casi no mostrar sus pinturas y ni siquiera firmar gran parte de ellas, ha sido una artista nunca tomada en cuenta. Recién cuarenta años después de su suicidio, unos pocos se interesaron en sus trabajos. Luego, a medida que el cine y la literatura hablaban de ella, el interés creció. Es común que sea así.

 Carrington pintaba todo el tiempo. Sobre una caja o en la hoja de un cuaderno. No pintaba para obtener fama ni pasar a la posteridad. Es simple probar esto: no exhibía sus cuadros más que por circunstancias excepcionales ni se tomaba la molestia de firmar la mayoría de ellos. Pintaba porque necesitaba hacerlo. Porque tenía dentro de sí la pasión de la pintura. Sin dudas que esto la hace una artista. No la hace una gran pintora, como no lo es la mayoría, pero le permite obtener un pequeño espacio en el arte británico. Su vida amorosa está al margen de esto.

Dora Carrington (1893-1932), inglesa. La fotografía: Dora Carrington y Lytton Strachey. Las pinturas, en orden descendente: “Estudio de una mujer desnuda”“La señora Box”, “Chico español”, “Retrato de Julia Strachey”“Bote de pescadores en el Mediterráneo”, “Campo en Waterdlath”.