LIZZIE SIDDA, UNA MODELO

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Cuando Elizabeth Eleonor Siddal nació, en 1829, su padre tenía un negocio en un aceptable barrio de Londres. Luego, se mudaron a otro no tan conveniente, en el que nacieron sus cinco hermanos.

“Lizzie” sabía leer y escribir pero nadie sabe si fue alguna vez a la escuela. Mientras trabajaba en el negocio de su padre, en una hoja del periódico que usaban para envolver encontró un poema de Tennyson. De esta manera, descubrió la poesía y se convirtió en poeta.

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Antes de cumplir los veinte años, Lizzie comenzó a trabajar en una sombrerería. Para ganar algo más de dinero, posó para artistas. Eran los años en que se había formado la Hermandad Prerrafaelita, un grupo  encabezado por el pintor y poeta Dante Gabriel Rossett, John Everett Millais y William Holmes Hunt.  La Hermandad se oponía al academicismo y pregonaba una forma de pintura en la que predominara el detallismo, la luminosidad y el colorido de los artistas italianos y flamencos previos a Rafael. El movimiento duró poco tiempo, menos de cinco años, pero tuvo una enorme influencia en el arte inglés hasta fines del siglo XIX. De estos pintores, Lizzie fue una de sus modelos preferidas y una de sus principales musas.

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Uno de los cuadros más famosos del prerrafaelismo es “Ofelia”, pintado por John Everett Millais. La mujer que la representa es Lizzie. Se metió en una bañadera llena de agua. El agua era calentada con lámparas de querosén colocadas debajo y alrededor. Pero el agua se enfrío. Lizzie no se movió. El cuadro fue pintado y ella quedó inmortalizada como Ofelia ahogándose. Pero se enfermó seriamente de neumonía y pasó muchos días en cama. No hay dudas que era una chica que sabía hacer su trabajo y, sobre todo, que no era la clase de persona capaz de interrumpir la inspiración de un artista.

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Dante Gabriel Rossetti conoció a Lizzie en 1849 mientras ella posaba para Walter Deverell. Se enamoró de ella tanto como ella de él. Y así iniciaron unas de las relaciones amorosas más intensas y peculiares del siglo.

Lizzie fue pintada por Rossetti en incontable cantidad de cuadros. Fue su modelo y su musa durante muchos años. Junto a él, Lizzie mejoró sus poemas y realizó dibujos y bocetos. Rossetti, como otros artistas, dejaron de ver a Lizzie como una mujer. La idealizaron poniéndola en un nivel muy elevado. Su indudable belleza, de rostro pálido y cabellos cobrizos, fue, aún, más enriquecida por la mirada de Rossetti.

Mientras, entre los marcos de los cuadros, se veía a una mujer que parecía no ser de este mundo, en el mundo cotidiano, Lizzie era una depresiva y drogadicta. Tanto como Rossetti era drogadicto y alcohólico.

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La salud de Lizzie se deterioró. Era frágil y su adicción al láudano y otras drogas, además de una probable anorexia, la destrozaron. Los amigos de Rossetti comenzaron a echarle en cara que no regularizara su relación. El motivo era que Lizzie era hija de padres trabajadores y la familia de Rossetti, de una clase social elevada, no la aprobaba. Después de engañarla con otras mujeres y buscar en vano una musa que la sustituyera, y de conseguir con esto que la depresión, la enfermedad y la drogadicción de Lizzie aumentara, le propuso casamiento.

Se casaron en 1860, en Hastings. Lejos de la familia Rossetti. A la boda no asistió nadie. Solamente dos testigos. Era el deseo del novio. Como fuera, se habían casado y, un año después, Lizzie quedó embarazada. Eso la hizo muy feliz. Pero la niña nació muerta. Ella quedó gravemente deprimida. Sin embargo, a fines de 1861, quedó, otra vez embarazada. Se sintió mejor y recuperó el optimismo. Le duró muy poco. Perdió al niño. Lizzie se suicidó.

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A la muerte de Lizzie, Rossetti enterró con ella sus poemas. Ante la insistencia de sus amistades, los desenterró en 1880. La crítica lo destrozó acusándolo de un bajo erotismo. Era la época victoriana y quedaba bien horrorizarse en público ante unos versos con alusiones al sexo mientras, en privado, abundaban los amantes y los prostíbulos.

Dante Rossetti penó hondamente la muerte de su esposa. Tomó más alcohol y drogas. Se acrecentaron sus fobias, sus manías y los problemas mentales con los que cargó toda la vida. Pero Rossetti no era hombre de amar realmente. Amaba lo que idealizaba, lo que no existía. Así que no demoró en encontrar nuevas amantes y musas en Fanny Comforth. Jane Burden, Jane Morris, idealizada como Perséfone y, sobre todo, Alexa Wilding, el rostro de Lady Lilith. 

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Elizabeth Sidall (una “l” fue eliminada por Rossetti) nació en Londres en 1829; murió a los 32 años, en 1862. Fue modelo, poeta, dibujante, pintora.

Dante Gabriel Rossetti (1828-1882), inglés. Fue un importante poeta y un pintor influyente.

Los retratos (en orden descendente): Retrato de Elizabeth Sidal por Dante Gabriel Rossetti; Los amantes por Dante Gabriel Rossetti; Ofelia por John Everett Millais; Ecce ancilla domini por Dante Gabriel Rossetti; Santa Catalina por Dante Gabriel Rossetti; Beata Beatrix por Dante Gabriel Rossetti: La reina de corazones por Dante Rossetti

ELLIS RULEY

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Joshua Ruley era un negro esclavo que consiguió escaparse a Connecticut. Conoció a Eudora Robinson, que también había sido esclava y que tenía varios hijos. Se casó con ella y formó una familia numerosa con los hijos que nacieron del matrimonio. Una de nuestros hijos era Ellis Walter Ruley. Cuando nació, el 3 de diciembre de 1882, nadie imaginó que iba a tener una vida muy particular.

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Ellis estudió en la escuela pública y tuvo algunos trabajos ocasionales hasta que decidió seguir los pasos de su padre y se hizo el obrero de la construcción. Cuando se acercó a los cuarenta años, se casó con Ida Bee y tuvo con ella una hija única, Marion. La pareja duró poco. Se separó en 1925. Cuatro años después, un Ellis lo atropelló un coche. Como el accidente estaba relacionado con su trabajo y, en apariencia, él había sufrido lesiones serias, recibió una indemnización de 25.000 dólares. Una cifra importante en la época. Ellis se compró un Chevrolet verde y unas cuantas hectáreas de tierra en Hills Laurel, un sector de Norwich propio de blancos. Si su presencia resultó un poco molesta, el asunto se agravó al casarse por segunda vez. Ellis eligió una mujer blanca y alemana, Wilhelmina “Tootsie” Fox,

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Ellis se aburría un poco y, teniendo tiempo libre y que se dedican a hacer nada desde el accidente, decidió pintar. No sabía nada de técnicas, así que comenzó pintando con pintura de pared. Luego, sus conocimientos mejoraron y utilizaron óleos para hacer cuadros de brillantes colores. En su vida le iba bastante bien, considerando que era negro en los Estados Unidos de la primera mitad del siglo veinte. Pero ocurrió algo inesperado. Su yerno, Douglas Harris, un tipo alto y corpulento, se cayó un pozo del campo de Ellis. El pozo siempre había estado allí y Douglas lo conocía de memoria. Sin embargo, según la policía y el juez, la cabeza está en el efecto de la caída. No tomaron en cuenta que el Ku Klux Klan tenía más de mil integrantes en la zona y, seguramente, No estarían muy de acuerdo con un negro casado con una rubia alemana y que andaba pavoneándose en un Chevrolet verde. Como fuera, Ellis no se movió del lugar y siguió pintando. Incluso un tiempo completo y poniendo las pinturas en los armarios y bajo la cama.

Ellis-regla-bandidos-sobre-escritos-y-pinturas-juan-carlos-boveriEllis siempre pintó de forma intuitiva pero lo hizo con toda su pasión. Fue una pena que no quisiera mudarse En 1959, lo encontró tirado en el camino de entrada de su casa. Tenía la cabeza rajada. Como era habitual cuando un negro era asesinado, el juez y la policía concluyeron que fue un accidente. Al mes siguiente, la casa de Ellis fue quemada y su hija internada en un hospital psiquiátrico donde lo hicieron una lobotomía sin que nadie lo autorizara.

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Ellis Ruley, mientras vivió, vendió sus cuadros en los puestos de los mercados de pulgas a unos 15 dólares cada uno. Nadie supo demasiado de su trabajo como artista. Más De Treinta Años Después, un Comienzos de Los Años 90, los coleccionistas lo descubrieron y del completo olvido, sin la menor idea de la perspectiva ni de Técnicas, Solamente con Lo Que consigue transmitir, Paso a uno Ser de los pintores estadounidenses Elevado una Ocupar un lugar en los museos.

Ellis Ruley (1882-1959), estadounidense. Las obras, en orden descendente: Piscina ; Accidente ; Tiempo de la cosecha de frutas ; Bandidos , A dán y Eva .

LA MODELO DE MANET

edouard-manet-el-almuerzo-sobre-la-hierba-sobre-escritos-y-pinturas-juan-carlos-boveriÉdouard Manet pertenecía a una familia de clase alta y con influencia política. Desestimando el futuro social que su familia pretendía para él, se hizo pintor. Sin duda que era su destino. Se convirtió en uno de los mejores y en uno de los artistas más famosos y cotizados del mundo. Manet tenía treinta y un años cuando pintó “El almuerzo en la hierba” (“Le déjeuner sur l´Herbe”, que suele ser mal traducido como “El desayuno en la hierba”, y que originalmente se llamó “El baño“). La obra muestra un paisaje campestre en el que, al fondo, una mujer en traje de baño se encuentra inclinada en un arroyo; cerca de ella, una lancha. En primer plano, una canasta, un mantel, servilletas, comida, dos hombres, vestidos con cierta elegancia, y, en medio de ellos, una mujer desnuda. El hombre de la derecha es Gustave Manet, hermano de Édouard; el de la izquierda,  su cuñado, el escultor holandés Ferdinand Leenhoff. La mujer en traje de baño es la esposa de Manet, la pianista Suzanne Leenhoff. La mujer desnuda es la modelo y pintora Victorine Meurent. Sin embargo, la mujer desnuda no es totalmente Victorine. Sólo su cara. El cuerpo es el de Suzanne Leenhoff. Curiosamente, Édouard Manet ideó una mujer combinando a su esposa con su amante y modelo preferida.

edouard-manet-olympia-sobre-escritos-y-pinturas-juan-carlos-boveriVictorine era hija de un artesano y una modista. No había demasiado dinero para ser mantenida por sus padres. De modo que comenzó a ganarse la vida por sí sola desde los dieciséis años. Trabajó como modelo y cantando en la calle y en los cafés. Era baja de estatura, de cabellos rojizos y un cuerpo pequeño y atractivo. Posó para Thomas Couture, Degas, Toulousse-Lautrec, Alfred Stevens, de la que fue amante. Manet la inmortalizaría en dos de sus obras más notorias, “El Almuerzo en la Hierba” y “Olympia”, en el que aparece como una prostituta. La orquídea en el pelo, los aros y la pulsera, el manto oriental, el lazo negro en el cuello, el calzado de interior, el gato, la mirada de Victorine, todo está dispuesto para exaltar la poderosa sensualidad de la escena en la que el cuerpo blanco y desnudo de Victorine se contrapone a la piel negra de la empleada que lleva las flores.

edouard-manet-estacion-zan-lazaro-o-el-ferrocarril-sobre-escritos-y-pinturas-juan-carlos-boveriDespués de modelar en 1873 para “La Estación de San Lázaro” (o “El ferrocarril”), se alejó de Manet, cortando la relación amorosa y profesional. Pero Victorine no era solamente una modelo y una ocasional cantante y violinista de la calle y cafés, también era una pintora. Realizó varias exposiciones en el Salón de París. La primera de seis fue en 1876, tres años después de separarse de Manet. El jurado de ese año rechazó las presentaciones de Manet. Sin él, Victorine continuó con su vida intensa, modelando para sostenerse económicamente y manteniendo amoríos con pintores y mujeres del teatro y la vida nocturna. Pasados los sesenta años, se fue de París a Colombes, donde compró una casa y vivió hasta el último de sus días con su pareja, Marie Dufour. Todos sus cuadros se perdieron excepto uno: “Día de ramos”.

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Victorine Louise Meurent (1844-1927), francesa. Las obras, en orden descendente: “El almuerzo en la Hierba” (modelo desnudo, rostro de Victorine Meurent); “Olympia” (modelo: Victorine Meurent); “La estación San Lázaro” o “El ferrocarril” (modelo: Victorine Meurent); “Día de ramos” (realizado por Victorine Meurent).

KOEK-KOEK

Una madrugada del año 1926, un policía detiene a un hombre en la Plaza Lavalle, de Buenos Aires. El hombre está alcoholizado y drogado con cocaína. Lo llevan al Hospicio de las Mercedes, un hospital psiquiátrico que cambiaría su nombre por el de Borda. El hombre se cree Napoleón y, mientras permanece internado, se convence que los médicos y enfermeros son sus mariscales de campo y ministros. Un amigo se entera de su estado y lo visita. Consigue que le provean algunos elementos que el hombre precisa para hacer lo que mejor hace: pintar. Con unos pinceles y unas pinturas, Stephen Koek-Koek pinta varios cuadros que le compran los médicos y enfermeros del manicomio.

Stephen Koek-Koek nace en Londres y es parte de una dinastía de pintores y marchands holandeses, entre los que estaba su probable padre. Por alguna razón, decide viajar y llegó al Perú. Más tarde, a Chile y, finalmente, Argentina. Por un tiempo, vive en Mendoza, se casa, tiene un hijo, y nada más se sabe del destino de su mujer y del niño. Koek-Koek aparece viviendo en Banfield con su amigo, el poeta colombiano Jorge Escobar Uribe, que firma como Claudio Alas. Un día, el poeta tiene la idea de matar al perro de Koek-Kopek. Le pega un tiro. Después, se suicida con un balazo en la sien.

Era habitual ver a Koek-Koek paseando por la entonces muy burguesa calle Florida usando sombrero y bastón. Pero solía vivir en hoteles y emplear maderas de cajones para pintar sobre ellos por carecer de dinero para comprar lienzos. Decide irse a Estados Unidos pero, en un viaje a Uruguay, se enamora de una mujer y se queda en Montevideo por ella. El romance termina al poco tiempo y Koek-Koek regresa a Buenos. Alquila un departamento en la calle Córdoba, se llena de deudas y debe hipotecar casi ciento sesenta cuadros a los que nunca recupera. Sin embargo, consigue ganar bastante dinero con su cuadro “Veleros en Sol de Mayo”. La obra se la encargaron para entregarla al príncipe de Gales, que al año siguiente visitaría el país. Pero Koek-Koek se olvidó del príncipe y la vendió a otro.

Va de un sitio a otro, consumiendo alcohol y drogas, y tratando de hacer otras cosas que pintar. Prueba escribir una obra de teatro pero nunca la termina. Viaje a Montevideo, luego a Valparaíso, en Chile. En una habitación de hotel, lo encuentran muerto. Es probable que fuera asesinado. El presidente Alessandri, que lo ha tratado como amigo, pretende iniciar una investigación. Todo queda en nada. Lo más conveniente es asegurar que se trató de un paro cardíaco.

Stephen Koek-Koek (1887-1934), inglés. Las obras, en orden descendente: fotografía de Stephen Koek-Koek – La procesión – Caminante – Pescadores – La congregación

KIKI DE MONTPARNASSE

Alice Prin fue criada por su abuela en un pueblo francés, en los comienzos del siglo veinte. No conoció a su padre y su madre estaba en París ganándose la vida. Su abuela, que vivía en la pobreza extrema, terminó por mandarla con la madre. Alice consiguió trabajo en algunos comercios. Un día se le ocurrió posar desnuda para escultores. Tenía catorce años. Su madre la echó de la casa por considerarla una prostituta. Pero ella se las arregló para sobrevivir y comenzar a convertirse en Kiki de Montparnasse.

Kiki se convirtió en un nombre popular en Montparnasse. Ella posaba y cantaba canciones de contenido sexual en teatros de baja calidad. Pero su fama se extendió. Pasó a convertirse en la modelo más popular y en la musa inspiradora de una enorme cantidad de artistas. Por supuesto, mantuvo relaciones con la mayoría de ellos. Pero tuvo una pareja estable durante algunos años de la década del veinte: el fotógrafo, escultor y pintor dadaísta-surrealista Man Ray. Con ella como modelo, Man Ray logró varias de sus mejores obras maestras fotográficas.

Entre el fin de la primera guerra mundial y el comienzode la segunda, Kiki se transformó en un símbolo de la bohemia. Ella era “La Reina de Montparnasse”. Estaba en sus años de oro y aprovechaba para vivir con intensidad. Siguiendo los pasos de Suzanne Valadon, pintó cuadros expresionistas sin mucho conocimiento de la técnica ni la luz pero que despertaron interés por que ella, casi un mito viviente, era la autora. Compró un cabaret, “Chez Kiki, y, a los veintiocho años, en 1929, publicó su autobiografía,  “Memorias de Kiki”. Ernst Hemingway hizo la presentación. En Estados Unidos, el libro fue prohibido por pornográfico. No le importó demasiado.  De todos modos, alzaba los brazos y tocaba el cielo.

Cuando los alemanes invadieron Francia, Kiki se fue de París. No le gustaban los nazis. Por lo que pasaría con ella no se preocupaba. Era una optimista. “Me arreglo con un poco de pan, cebolla y vino. Eso es suficiente. Y estoy segura de que siempre voy a encontrar a alguien que me los ofrezca”, dijo. Era su manera de definirse y de definir, a través de sí, la vida bohemia de Montparnasse.

Cuando la guerra acabó, Kiki regresó a París. Nada estaba igual. Ella tampoco. Las drogas y el alcohol la habían destrozado. La mujer que quedaría inmortalizada en centenares de obras de arte a las que sirvió de modelo había dejado de existir. Una sombra de ella recorría las mesas de los cafés cantando y pidiendo unas monedas, siempre en Montparnasse, que, como ella, era una sombra de lo que fue.

A los cincuenta y un años, en 1953,  Alice Prin o Kiki de Montparnasse murió. Una multitud fue a su entierro. La revista Life le dedicó tres páginas a su obituario. Ella representó a un modelo de mujer: independiente, seductora, sin prejuicios. Y un tipo de vida irrepetible: el de la bohemia del Montparnasse de entreguerras.  Kiki fue otro de los símbolos del siglo veinte, de formas de ser y de vivir que han desaparecido para siempre.

Lo que Kiki pintó:

Alice Prin-Kiki de Montparnasse (1901-1953), francesa. La obras, en orden descendente: Julián Mandel: “Kiki de Montparnasse”, Man Ray: “Negro y blanco”; Man Ray: “El violín de Ingres”; Kees van Dongen: “Amapola de maíz”; Möses Kisling: “Retrato de Alice Prin” o “La mujer de rojo”; Sava Sumanovic: “La mañana”. De Alice Prin: “Mujer en la cama”; “Autorretrato”; “Equilibrista”“Puesto de flores; ; “Paisaje con vaqueras”.

DORA CARRINGTON

Dora Carrington se mató a los treinta y ocho años. Pidió una pistola prestada y se pegó un tiro. Dos meses antes, había muerto de cáncer el hombre más importante de su vida: Lytton Strachey. Era una relación amorosa distinta: Strachey era homosexual. Carrington concebía el amor entre un hombre y una mujer como algo que va más allá de lo sexual. No le faltaba razón. Tampoco temía experimentar con el sexo. Muchos hombres se enamoraron de ella pero Carrington estaba lejos de ser una mujer común. Había tenido relaciones sexuales con mujeres y con algunos hombres, en especial, intelectuales ligados al Círculo de Bloomsbury, como Gerarld Brenan. Pero nunca se enamoró realmente. Hasta conocer a Lytton.

Dora tenía una personalidad singular y lo mostraba en su vestimenta de ropas masculinas y en su corte de pelo estilo paje. Pintaba pero no mostraba demasiado su obra.  En 1916, conoció a Strachey. Él pertenecía al Círculo de Bloombury. Ella nunca fue un miembro aunque era amiga de muchos que lo formaban. Tal vez se debiera a que Virginia Woolf la consideraba algo extraña. Es posible que Virginia tuviera razón. Sin duda que Carrington no era una chica del montón. Al año siguiente de ser presentada a Strachey se fue a vivir con él. Ambos mantuvieron su independencia sexual. Carrington relacionándose con mujeres y Strachey con hombres. El problema surgió al aparecer Ralph Partridge. A partir de entonces se creó una situación poco frecuente. Strachey se enamoró de Partridge y Partridge de Carrington o de los dos. La solución fue que Carrington se casó con Partridge y los tres fueron a vivir juntos en una nueva casa.

En 1932, Strachey murió de cáncer. Carrington no demoró mucho en intentar suicidarse. Se encerró en el garaje con el motor del auto encendido. Fracasó porque Partridge la salvó. Para no cometer un nuevo error, buscó un instrumento definitivo: pidió una pistola prestada y se pegó el tiro. El arma pertenecía al aristócrata Bryan Guinnes. Es curioso que le prestara una pistola a una mujer que había querido suicidarse. Tal vez, le parecía adecuado que Carrington se suicidara. Lo que lo convertiría en un hombre de ideas profundas. O, es probable, creyera que la emplearía para matar a Patridge y le pareció divertido. De todos modos, una vez muerta Carrington, Partridge no se suicidó por ella. A las dos semanas, se mudó a la casa de su amante Frances Marshall, otra integrante del Círculo de Bloombury, con la que se casó a los pocos meses.

Carrington pareció seguir el modelo de Vanessa Bell, la hermana de Virginia Woolf. Vanessa se casó con Clive Bell y mantuvo, al mismo tiempo, relaciones con el ambiguo homosexual y pintor Duncan Grant, con el que tuvo una hija a la que el señor Bell crió como propia. Vanessa y su marido tenían relaciones muy abiertas. Cada uno de ellos tenía sus amantes. Vanessa, una de las integrantes de la élite del Círculo de Bloombury, practicaba tanto las relaciones heterosexuales como las lésbicas. Esta clase de relaciones practicadas por Carrington y Vanessa, casarse y tener amantes homosexuales aceptados o compartidos con el marido, pueden ser consideradas como un efecto de una absoluta libertad de pensamiento y de libertad sexual pregonadas desde el Círculo de Bloombury, en medio de la época victoriana. O producidas por el esnobismo al que es proclive la clase alta de cualquier nación. Si la muy buena pintora Vanessa Bell influyó con sus actos en la pintora Carrington hasta convertirse en un modelo de vida a seguir, no es trascendente para el arte. Lo que importa en el arte son las obras que se realizan.

Una obra de arte se defiende sola. Su mérito está en lo que es. No en lo que es su autor. De Carrington se habla más de su vida que de lo que pintó. Con Strachey es algo similar. Lytton Strachey fue un escritor mediocre y un biógrafo aceptable. No más que eso. ¿Y Carrington? ¿Es una artista de talento o solamente es una mujer lesbiana, que se fotografiaba desnuda, y que se enamoró de un homosexual y se suicidó por él? Esos cuadros que pintó, de haber sido hechos por un ama de casa, con dos hijos y un marido carpintero con el que pasó toda la vida sin hacer otra cosa que ir al cine, ¿serían tomados en cuenta? ¿Ocurre con Carrington lo mismo que con otros artistas con obras sobrevaloradas por los mitos construidos sobre sus vidas, que se anteponen y sobreponen a sus méritos artísticos?

Dora Carrington tuvo una existencia interesante y trágica. Nada de lo que vivió se trasluce en sus pinturas. Es posible o seguro, que Carrington no alcance el nivel artístico de Vanessa Bell ni de británicas como Dame Laura Knight  o Christine Robertson. Sus pinturas carecen de innovaciones y no hay entre ellas ninguna que parezca una obra maestra. Además, Carrington, que tuvo en vida la modestia de casi no mostrar sus pinturas y ni siquiera firmar gran parte de ellas, ha sido una artista nunca tomada en cuenta. Recién cuarenta años después de su suicidio, unos pocos se interesaron en sus trabajos. Luego, a medida que el cine y la literatura hablaban de ella, el interés creció. Es común que sea así.

 Carrington pintaba todo el tiempo. Sobre una caja o en la hoja de un cuaderno. No pintaba para obtener fama ni pasar a la posteridad. Es simple probar esto: no exhibía sus cuadros más que por circunstancias excepcionales ni se tomaba la molestia de firmar la mayoría de ellos. Pintaba porque necesitaba hacerlo. Porque tenía dentro de sí la pasión de la pintura. Sin dudas que esto la hace una artista. No la hace una gran pintora, como no lo es la mayoría, pero le permite obtener un pequeño espacio en el arte británico. Su vida amorosa está al margen de esto.

Dora Carrington (1893-1932), inglesa. La fotografía: Dora Carrington y Lytton Strachey. Las pinturas, en orden descendente: “Estudio de una mujer desnuda”“La señora Box”, “Chico español”, “Retrato de Julia Strachey”“Bote de pescadores en el Mediterráneo”, “Campo en Waterdlath”.

POGO, EL PAYASO ASESINO

John Wayne Gacy era un gordito con nombre de un actor siempre héroe y paradigma del estadounidense medio. John parecía uno de esos “gorditos buenos” que caen simpáticos. Trabajaba vendiendo zapatos y en fiestas infantiles disfrazándose de payaso. John era homosexual. Pero decidió casarse y tuvo problemas: su mujer se divorció de él porque nunca conseguía una erección. La única vez que lo logró, por un milagro o por un amante, su esposa quedó embarazada y tuvo una hija. A John le gustaban los niños y los adolescentes. Durante los cuatro años que duró el matrimonio, abusó de una buena cantidad de menores de edad. Su esposa se divorció de él. Ya lo habían metido preso y estaba sentenciado a diez años de prisión. Pero, en la cárcel, convenció a todos de ser un buen tipo. Lo dejaron salir al año y medio. John se puso contento: podía continuar abusando sexualmente de niños y, sobre todo, dedicarse de lleno a su verdadera vocación. John tenía una condición natural: era un asesino.

Al salir de la cárcel, se mudó, compró una nueva casa, puso un negocio y se convirtió en un ciudadano respetable. Como siempre hay mujeres bien dispuestas, encontró una segunda esposa y, otra vez, acabó divorciado. Ya había matado a algunos adolescentes y un par de niños. Como usaba traje con corbatas y seguía vistiéndose de payaso en las fiestas infantiles, nadie sospechaba de él. Nada lo diferenciaba del resto, excepto el vestirse de payaso. Esto caía bien. Mostraba que tenía un alma buena y un interior triste; como todos los payasos, tal como es sabido por todo el mundo. Era una pena que John tuviera un punto débil: su anterior condena por abusos sexuales. La policía comenzó a seguirlo. Había dos o tres muertes que no podían resolver. Él era un buen candidato para solucionar el problema: si no era culpable, al menos, se le podía echar la culpa y con un buen fiscal y un abogado defensor deficiente, los casos quedarían cerrados. Como suele hacerse. Sin embargo, la policía no estaba errada. John era el asesino. No había matado solamente a los que se creía. Confesó treinta y tres asesinatos de niños y adolescentes. A varios los enterró en el patio de su propia casa. A otros los desparramó por los terrenos que encontró. Nunca hallaron todos los cadáveres. John se negó a decir dónde estaban y sugirió que había matado a muchos más. Ya estaba preso y lo estaría por catorce años. En ese tiempo, se dedicó a su pasatiempo: pintar.

 Sus cuadros tenían dos temas predominantes: los payasos y Blancanieves con los siete enanitos. Uno de los payasos que dibujó se llamó Pogo. Hizo varios retratos de él. El 10 de mayo de 1994, le prepararon una buena comida: camarones, pollo, papas fritas y frutillas. Después le pusieron una inyección y lo mataron. Tenía cincuenta y dos años. Mientras lo mataban, afuera, en la calle, había mucha gente. Realizaban la fiesta de la ejecución, como ellos le llamaron al acontecimiento. Algunos vendedores ofrecían remeras con el rostro de John y otros artículos que servían de recuerdo para poner en las repisas.

Apenas acabó la ejecución, en el mercado de arte salió a la venta la obra del artista John Wayne Gacy. Se vendió bien. Los estadounidenses siempre compran. Es congénito. El payaso Pogo tuvo éxito. Su nombre se puso en revistas, e inspiró a escritores para hacer novelas y a grupos musicales de distintos países para escribir canciones. Por supuesto, no faltaron los expertos que explicaron la conducta de John: se debía a traumas de la infancia y a culpas de la sociedad. Incluso hubo una científica que, justamente, compró su cerebro y lo metió en un frasco para estudiarlo. En el mercado de consumo, un asesino serial y abusador sexual de niños puede llegar a ser un muy buen negocio si se sabe cómo manejarlo. De este modo, los cuadros al óleo de Blancanieves y los siete enanitos, y los tiernos payasitos pueden ser colocados en el cuarto de los niños y esperar a que lleguen las visitas para mostrarlos.

John Wayne Gacy, o Pogo o El Payaso Asesino (1942-1994), estadounidense. Las pinturas, en orden descendente: Pogo, el clown; Los siete enanitos en el bosque; Fippo, el payaso; El payaso Arcoiris .

NUSSBAUM, UN PINTOR JUDÍO

Hay pintores con una larga y serena vida; alguno se corta una oreja o se suicida; otro es alcohólico, drogadicto, mujeriego, puede vivir en un cuarto pobre de Montmartre, volverse loco. A Félix Nussbaum le tocó algo distinto. Ser judío. Esto no es nada especial. Muchos son judíos y tienen buenas vidas. Pero Félix era un judío en época de nazis. Y no pudo tocarle peor destino.

El padre de Félix, Phillip Nussmann, fue un soldado que luchó por Alemania en la primera guerra mundial. Pero tuvo que huir del país cuando los nazis tomaron el poder. Sin embargo, no pudo permanecer mucho tiempo en el exilio. Sentía añoranza de su tierra y regresó. Félix hizo todo lo que pudo para impedir que su padre y su madre volvieran a Alemania. No tuvo éxito. Él permaneció un tiempo en Suiza y, luego, se fue a Bélgica. Lo acompañaba la pintora Felka Platek, su compañera desde 1934 y esposa desde 1937. Pero los nazis ocuparon Bélgica en 1940 y Nussbaum fue detenido y enviado al campamento de Saint-Cyprien, en Francia. Después de un tiempo, lo trasladaron a Alemania. Félix consiguió escapar del tren que lo llevaba y pudo llegar a Bruselas para encontrarse con Felka. A partir de ese momento, la pareja vivió en la clandestinidad, sin papeles, sin trabajo, sin dinero y con el constante riesgo de ser detenidos. Un amigo les dio refugio, los alimentos y las pinturas. En estas condiciones, Félix y Felka, pasarán más de tres años.

En esos años, Félix pinta. Sus pinturas son un relato de lo que ocurre en su vida. El miedo, la permanente angustia, la opresión de la barbarie que lo circunda. Eso está en sus cuadros. En “Autorretrato con documento de identidad”, pinta la figura de un hombre con sombrero, el cuello del abrigo alzado, la estrella de David obligatoria, el documento de identidad con el sello de ser judíoPero el pintor judío Nussbaum no está pintando un autorretrato. En él, en Nussbaum, está pintando un retrato del temor y la humillación de todos los judíos.

El gobierno de Hitler dividió a los habitantes de Alemania en dos categorías: los compañeros de la nación, en la que se encontraba el cuerpo histórico y cultural del país; y los residentes, los que no eran considerados parte del cuerpo histórico y cultural: los judíos, los gitanos, los discapacitados física o mentalmente. En 1935, se aprueba las Leyes de Nuremberg de la Pureza Racial. Estas leyes impiden que los judíos puedan tener contacto con los alemanes de raza aria y pura. Estas leyes se complementan con La ley para la protección de la sangre y el honor alemanes, en la cual se prohíbe, bajo pena de muerte, el matrimonio entre judíos y no judíos. Los judíos, en lo sucesivo, pierden el derecho a votar. Más adelante, se prohíbe a los médicos arios atender a pacientes judíos. Al mismo tiempo, se impide que los médicos judíos ejerzan su profesión. Los diarios nazis hablan en forma constante de los judíos considerándolos una lacra social que debe ser extirpada como un tumor del cuerpo humano. El pueblo alemán ario está de acuerdo y respalda con orgullo y por completo las decisiones del gobierno nazi. No hay nada que impida el paso siguiente: la exterminación de los judíos.

El año 1944 resulta malo para Nussbaum y toda su familia. La policía lo descubre. Su padre y su madre son apresados y asesinados en Auschwitz. Junto a ellos, su hermana, su cuñado y su sobrino. Su otro hermano muere de hambre y agotamiento en el campo de concentración de Sttuthof. El pintor Félix Nussbaum es ejecutado en Auschwitz, Polonia, en agosto de 1944. Su muerte es parecida  a la de más de dos millones de personas, la mayoría judíos, que son asesinadas en experimentos o asfixiados en las cámaras de gas en Auschwitz. ¿El motivo por el que Félix Nussbaum es asesinado? Ser judío. Nussbaum deja algunos cuadros en los que cuenta lo que siente.

Félix Nussbaum (1904-1944), alemán y pintor expresionista. Las pinturas, en orden descendente: “Autorretrato con documento de identidad”, “En el campo”, “Trío”, “La muerte triunfante”, “Lo maldito”.  (Todas las pinturas fueron realizadas entre 1940 y 1944).

ALICIA EN EL PAÍS DE LOS PEDÓFILOS

El clérigo anglicano Charles Dodgson o su doble, Lewis Carroll, era, como muchos otros, un hombre de apariencia honesta, religiosa y, en su caso, con auténtico talento para la literatura y las matemáticas. El diácono Dodgson o Caroll, tenía la afición de la foto-grafía. Sus modelos favoritos eran los niños. Más precisamente: las niñas. El clérigo acos-tumbraba fotografiar a las niñas en poses sensuales y, por supuesto, desnudas. Las familias, al enterarse, rompieron muchas de esas fotos en que sus hijas estaban desnudas. Tres o cuatro de las fotos de desnudos permanecieron permitiendo compro-bar que el señor Dodgson pertenecía a la clase de los religiosos pervertidos. Ya casi nadie duda de la pedofilia de Dodgson o su doble, el magnífico literato Lewis Carroll, autor de dos de los mejores libros de la historia de la literatura: “Alicia en el país de las Maravillas” y “A través del espejo”. Dodgson-Carroll tenía dos niñas a las que fotografiaba en forma constante: Alicia Liddell y Alexandra Kitchin. Más allá de un nombre coincidente, es difícil ver en ellas algo que pudiera inspirar el personaje de Alicia, la niñita rubia, encantandora, muy británica y victoriana, que tiene maravillosas aventuras.

El diácono Dogson y el escritor Carroll se vieron en problemas cuando las fotos fueron descubiertas. El escritor hubiera sido condenado pero el clérigo no. En definitiva, era la misma sociedad que condenaba a Oscar Wilde por indecencia relacionada con la homosexualidad y miraba hacia otro lado la pedofilia de los hombres de la iglesia. Tampoco nada que no sea bastante común en todas las sociedades, en todas las épocas: la gente siempre mira hacia otro lado cuando los pervertidos pertenecen a la iglesia. Hay que ser justos: también cuando son muy ricos o tienen posiciones de poder. En el caso de Dogson, célebre como Lewis Carroll, sus fotos de niñitas desnudas o en poses excesivamente sensuales, han sido un documento de su pederastia. Pero, casi con la única excepción de Balthus, nadie ha tratado de pedófilos a la enorme cantidad de pintores que han retratado a niños desnudos. El retrato de una mujer o de un hombre desnudo siempre, y sin excepción, implica un hecho erótico. ¿Los cuadros de niños desnudos carecen de erotismo? Si en vez de pinturas fueran fotografías de niños desnudos, los autores, ¿serían puestos bajo sospecha de pedofilia, como el señor Dogson-Carol?

Las fotos (en orden descendente): Fotógrafo: Charles Dogdson. Modelos: Alicia Liddell; Alexandra Kitchin.

Las pinturas (en orden descendente): Slava Groshev (“En la toilette”); Benito Rebolledo (“Niña frente al mar”); Joaquín Sorolla (“La niña curiosa”); William Bouguereau (“Cupido mojado”); Joao Da Costa (“Desnudo de muchacho”).

CARMEN MONDRAGÓN O NAHUI OLLIN O EL TRIUNFO DE LA BELLEZA

Una mujer camina por las calles vestida con harapos. Habla sola. Vive en una casa vieja que heredó. Siempre está rodeada de gatos.  Duerme envuelta en una sábana en la que dibujó a uno de sus amantes muertos. Vive de una beca modesta. Hasta años atrás, ha sobrevivido enseñando dibujo en una escuela primaria. La mujer es Carmen Mondragón o Nahui Ollin. Sus méritos: escribir libros que pocos han leído; pintar cuadros primitivistas y casi infantiles; tener muchos amantes; haberse rodeado de artistas famosos; fotografiarse desnuda y ser, según dicen, hermosa.

Carmen era hija de un general muy rico. De niña la mandaron a estudiar a París. Al regresar a México, se casó a los veinte años con un cadete, Manuel Rodríguez Lozano, que, con el tiempo, dejaría de ser militar y se haría pintor. En México se había producido la revolución encabezada por Madero para desalojar a Porfirio Diáz. Cuando la situación se puso difícil, Mondragón y su marido se escaparon a París. Como tenían tiempo libre, se dedicaron a conocer artistas. Hablaban con Diego Rivera y Picasso y se entretenían. Pero comenzó la primera guerra mundial y no tenían ganas de ponerse en peligro. Se fueron a España. En París o en España, el matrimonio se llevaba mal. Apenas se apaciguó la situación en México y estaban muertos Zapata y Villa, Carmen volvió a la casa paterna. No le permitieron divorciarse. Ella lo aceptó. Su independencia y rebeldía llegaba hasta la posibilidad de perder el sustento paterno y la futura herencia.

Carmen se dedicó a tener amantes. Una sucesión de ellos. Luego, se enamoró de un pintor famoso, Gerardo Murillo, que se hacía llamar Dr. Atl y que pintaba y escalaba volcanes. Murillo-Atl le buscó un nombre apropiado. La llamó “Nahui Ollin”. El nuevo nombre, siguiendo las tradiciones aztecas, se relaciona con la renovación cósmica. Dr Atl-Murillo era hombre de talento y excéntrico. Pintaba y escribía. Justamente, a su lado, Carmen escribió sus libros. Incluso unos apuntes hechos a los diez años y presentados como la obra de una niña de notable precocidad pero en el que más que precocidad está la mano de Dr Atl. El resto de los libros de Mondragón han tenido tan escasos lectores que es raro encontrar a alguien que haya leído uno. Después de cinco años, se acabó su etapa literaria junto a Dr. Atl-Murillo y se separó. Con unos amantes en el período intermedio, mantuvo una relación con Matias Santoyo, el pintor y caricaturista. Imitándolo como pudo, hizo varios cuadros. Pero duró poco con él y continuó pasando el tiempo con sus amigos  militantes comunistas Frida Kahlo, Siqueiros, Rivera; y algunas actrices, como Dolores del Río. Por supuesto, nunca abandonó el hábito de cambiar amantes como de zapatos. Eran los años 20 y Mondragón llamaba la atención. Era lo que pretendía. Usaba polleras cortas, se vestía como las estrellas de Hollywood y, como  muchas de ellas, se fotografió desnuda con Edward Weston.

De amante en amante, llegó a Eugenio Auricino, un capitán de barco. Se enamoró y mantuvo con él una relación tranquila. Ya era una mujer de cuarenta años. Su cuerpo no era el mismo y esto debió angustiarla. Nada le importaba más que su cuerpo, usarlo sexualmente y mostrarlo satisfaciendo su exhibicionismo. Tuvo mala suerte en su nuevo amorío: el capitán se murió en el mar. Mondragón-Ollin, sea por  el amor destruido o por su mente que comenzaba a desvariar, desapareció de toda acción pública. De allí en más, que se sepa, no hizo más que enseñar en la escuela primaria, encerrarse en la casa heredada con decenas de gatos, y vivir como una pordiosera. Cuando se murió, la mayoría no tenía idea de quién era ella. Pero a Adriana Malvido se le ocurrió escribir una novela sobre ella. El personaje le servía porque estaba al tono con la moda literaria de contar biografías de mujeres independientes, talentosas y transgresoras. Se supone que vio en Mondragón-Ollin a otro modelo de la mujer moderna que lucha por sus derechos.

Con poco o casi nada, Carmen-Nahui se convirtió en poco menos que una leyenda. Y puesta al lado de reales talentos, como Frida Kahlo. Es lo extraño. Carmen Mondragón pintó cuadros de escaso valor artístico, escribió libros prácticamente desconocidos, a los que su propia biógrafa juzgó como infantiles, y alguno de los contados lectores como pobres de talento. Carmen-Nahui siempre dependió del dinero de su familia y de los hombres que la mantuvieron. Cuando se quedó sin hombres, vivió en la miseria. Escapó de todo hecho social en el que pudo haberse comprometido. No parece haber realizado nada importante a nivel social y, seguramente, nada que valga la pena a nivel artístico. Pero se fotografió desnuda y aceptó ser un objeto sexual. El ideario del feminismo que lucha con fuerza para lograr derechos para la mujer y para evitar que la mujer sea considerada nada más que por su aspecto físico y tratada como un objeto sexual, encuentra en Carmen Mondragón-Nahui Ollin, exactamente, lo contrario de lo que pregona. Los que hablan de esta mujer poco y nada dicen de su obra pero no escatiman palabras para hablar de sus ojos verdes, su pelo, su cuerpo, su erotismo. ¿Esta mujer habría conseguido que alguien hablara de ella si hubiera sido fea?

Carmen Mondragón-Nahui Ollin (1893-1978), mexicana. Escribió “A los diez años sobre mi pupitre”; “Cariñosamente estoy adentro”; “Nahui Ollin”; “Energía cósmica”; y “Óptica cerebral”, todos entre 1922 y 1927.

Las pinturas, en orden descendente: Mondragón por Edward Weston; “Pulque”, pintado por Mondragón; “Caserío frente al mar”. Las fotos:  Mondragón por Edward Weston.